lunes, 24 de junio de 2013

LLamas, azufre, y buena música; Demonios y juegos de rol (I)


La diferencia entre dioses y demonios es básicamente la misma que entre terroristas y luchadores por la libertad” Terry Pratchett

Esto no pretende ser una digresión esotérica para invocar y alabar a Satanás y compañía o sucedáneos, sino una pequeña y superficial exposición académica sobre la influencia de un elemento de la mitología religiosa aplicada en el ámbito lúdico. Si te crees el ombligo del mundo y buscas un lugar del que pavonearte de tu idolatría personal y dar vergüenza ajena, has errado de página. Consulta en noseascenizoyvendetualma.com o luciofernandez@veryhotmail.com. Dicho lo cual, prosigamos.

Leer más...LOS DEMONIOS A TRAVÉS DE LA HISTORIA

Demonios, diablos, ángeles caídos, espíritus entrópicos, elementos inestables o inesperados consejeros de sonrisa aviesa, la historia mitológica y religiosa de la humanidad está llena de estos inevitables personajes, adversarios por antonomasia de dioses y héroes de todos los tiempos, e indudablemente motivos literarios y artísticos que se han abierto paso con sucesivas modificaciones hasta hoy.

En la cultura occidental actual habitualmente los demonios son asociados a espíritus malignos y destructivos, que personifican el mal opuestos al dios judeocristiano y al conjunto de la humanidad. Sin embargo, no siempre fue así. Las religiones monoteístas actuales a menudo han heredado tradiciones antiguas y reinterpretado los mitos de otras religiones precedentes.
En las primeras religiones organizadas los primeros “demonios” eran dioses destructivos, bien entidades caóticas cuyo sacrificio o derrota por parte de los dioses provocaba la creación o salvación del mundo. En otras religiones el papel de los demonios era interpretado por dioses, que no eran malignos per se, sino que simplemente “hacían su trabajo”, ocupándose en su panteón de aspectos poco agradables, pero no obstante necesarios para el funcionamiento del mundo y cuya ira podía evitarse o apaciguarse mediante los ritos adecuados.

Una de las deidades “malignas” más antiguas es Set, de la mitología egipcia. Según la leyenda, Set mató a su hermano Osiris para ocupar el trono de Egipto, hasta que fue derrotado por su sobrino Horus, que no obstante, le concedió un lugar entre las divinidades como dios de las tormentas. A pesar de la actitud combativa y destructiva de Set, no siempre aparece como un personaje maligno, ya que a menudo se le describe como vencedor de la serpiente Apofis, que deseaba devorar el sol. Muchos faraones tomaron el nombre de Set y lo asimilaron como divinidad protectora de Egipto. Muy a menudo la apreciación o depreciación de un dios oculta conflictos políticos internos entre diversas facciones religiosas.

En la mitología griega no existen verdaderos dioses “malignos”. Las luchas entre los titanes y entidades caóticas a menudo no derivan de un conflicto moral, y de hecho los dioses griegos a menudo sucumben a caprichos y arrebatos de ira sobre los mortales. Aunque a menudo se ha convertido a Hades en el dios maligno de la muerte, lo cierto es que en la mitología a menudo adopta una posición neutral y no se comporta de forma injusta con los mortales. Precisamente es del griego “daimon”, que significa “espíritu” o “poder divino” que procede el término demonio. Sin embargo, originalmente no era un término de una entidad maligna, sino que designaba un “buen carácter” o la “felicidad”. Cuando la Biblia fue traducida al griego en la versión de los Setenta comenzó a adquirir connotaciones negativas, utilizándose primero para los dioses paganos y posteriormente para los espíritus adversarios del dios judeocristiano.

Los antiguos demonios de Oriente Medio no eran muy diferentes de los dioses locales. Los demonios a menudo se consideraban espíritus de rango inferior a los dioses, con atributos y cualidades humanas, que a menudo acechaban en lugares yermos y apartados, o cementerios y lugares sucios. No todos eran malignos, de hecho en algunos mitos a menudo actúan de forma pacífica y positiva hacia los hombres. A menudo se creía que muchos poetas y escritores de la época habían sido influenciados por demonios “buenos”.
Los precedentes demoníacos del judaísmo pueden remontarse a la antigua Caldea, de donde surgieron los “shedu”, siete malignos dioses de la tormenta que adoptaban forma de toros alados. Los primeros demonios israelitas a menudo procedían de las deidades paganas de sus vecinos. En el libro del Éxodo se menciona al “Destructor”, un mensajero divino que trae la pestilencia y cuya ira es evitada mediante el sacrificio del cordero de Pascua. En la Biblia también se menciona a Azazel, posiblemente un dios israelita anterior al judaísmo, y el origen del mito del “chivo expiatorio”, al que se arrojaban cabras por un barranco.
Los primeros demonios hebreos muchas veces son realmente ángeles de la ira de Dios, aunque a menudo se les atribuye cierta independencia y maldad, porque se cree que proceden de la nada anterior a la creación. Muy a menudo este papel subordinado a Yahvé es posterior a una época en la que eran dioses independientes antes de la adopción hebrea del monoteísmo. A los demonios hebreos a menudo se les atribuye la propagación de enfermedades y venenos, especialmente los que afectan al cerebro y a los órganos internos. Entre los antiguos hebreos existía gran miedo al “Shabriri”, el demonio de la ceguera, que se ocultaba de noche en el agua no cubierta y cegaba a quienes la bebían. Otros demonios hebreos producían catalepsia, dolores de cabeza y pesadillas. Para curar las enfermedades producidas por los demonios a menudo se recitaban encantamientos y se utilizaban talismanes, cuyo origen a menudo se atribuyó posteriormente al legendario rey Salomón.

En la Biblia hebrea aparecen varias clases de demonios, siendo los más frecuentes: los “se’irim”,demonios peludos parecidos a sátiros que vivían en los yermos y a los que adoraban algunos israelitas, y posiblemente de la clase del dios-chivo Azazel; Lilith y su progenie demoníaca los lilin, a menudo representados con forma de lechuza y que atormentaban a los israelitas de noche, y los “shedim”, antepasados de los djinn o genios árabes, a menudo relacionados con las posesiones demoníacas y que también podían habitar en objetos inanimados.

El Adversario o Satán de la Biblia hebrea aparece en su forma temprana como un agente de Dios, a menudo encargado de ejecutar su ira o su voluntad de forma subordinada, y no tanto por voluntad propia. Esta visión del “demonio funcionario” se conserva en el Libro de Job. En varios libros apócrifos del judaísmo aparecen otros demonios, como Satanael o Semjâzâ, “príncipe de los Grigori”, un proscrito del cielo que aparece en el Libro de Enoch, y que es uno de los primeros ángeles caídos que se rebela contra la voluntad de Dios. Se dice que fue Satanael quien tentó a Dios a poner a prueba al patriarca Abraham para que sacrificara a su hijo Isaac.
Progresivamente Satán adquiere una mayor complejidad mitológica, convirtiéndose en un rebelde contra Dios y el líder de los ángeles caídos. El nombre de Lucifer o “Lucero de la Mañana”, era originalmente uno de los títulos del rey de Babilonia. A medida que la mitología hebrea se desarrollaba, por su rebelión Lucifer y sus huestes fueron derrotados y arrojados al infierno, a menudo representado como un lago de fuego, pero no obstante conservaron cierta libertad para tentar a la humanidad y provocar la ruina de la Creación, oponiéndose a Dios y extendiendo la mentira y el pecado en el alma de la humanidad. Con el paso del tiempo Lucifer asimiló en su figura las características y actos de otros demonios, llegando a ser identificado con la serpiente del Paraíso que tentó a Adán y Eva, convirtiéndose en la fuente de todo pecado.

Con el surgimiento del cristianismo y su conversión en religión organizada, Lucifer hereda todas las características atribuidas por los hebreos, convirtiéndose en el dragón del Apocalipsis y en el monarca del mundo carnal al que se atribuyen todas las maldades y pecados. El nombre de “Belcebú” también es atribuido a Lucifer a partir de '”Ba‘al Zebûb'” (El Señor de las Moscas), un antiguo dios filisteo.

En el Evangelio de San Marcos Jesucristo expulsa muchos demonios y espíritus malignos mediante su poder superior, siendo capaz de darles órdenes y prohibirles regresar. En el Evangelio de San Lucas Jesús también confiere este poder a algunos de sus discípulos.

Actualmente la Iglesia Católica sigue considerando que ángeles y demonios son seres personales y reales, no simples alegorías simbólicas del bien y del mal. Desde hace siglos la Iglesia Católica nombra exorcistas oficiales que afirman que los demonios atacan a la humanidad constantemente pero que pueden ser rechazados mediante el rito formal del exorcismo, que sólo puede realizarse con la autorización de un obispo. Los antiguos hebreos también disponían de sus propios exorcistas, llamados “exorkistes”, que viajaban y expulsaban a los demonios a cambio de dinero, favores, o siguiendo su “misión sagrada”.

Aunque las menciones bíblicas a los demonios son bastante vagas y generalistas, desde el siglo II en adelante los autores cristianos comenzaron a crear una cosmología más complicada sobre los demonios y sus poderes al margen de las escrituras. En varias ocasiones se realizaron intentos de clasificar a los demonios en clases y jerarquías. Según la mayoría de las versiones los demonios están condenados eternamente y nunca podrán reconciliarse con Dios. Otros teóricos cristianos afirman que la posibilidad de la redención está abierta incluso para Satán y los demonios. Esta segunda teoría fue postulada por Orígenes, San Jerónimo y Gregorio de Nyssa.

En el cristianismo contemporáneo por lo general los demonios son considerados ángeles caídos que se rebelaron contra Dios y fueron castigados. Sin embargo, otras teorías afirman que los espíritus malignos son los Nephilim del Antiguo Testamento, el resultado del apareamiento de los ángeles con las mujeres de los hombres.

En el Islam Satán es referido como “Iblis”, según el Corán, creado por Dios a partir de una “llama sin humo” junto con los demás djinn y espíritus islámicos. Según la mitología musulmana Iblis fue expulsado de la gracia de Dios por negarse a inclinarse ante Adán, el padre de la humanidad, porque Iblis se consideraba superior a la raza humana. Iblis culpó de su caída a Adán y lo engañó para que fuera expulsado del Paraíso, pero cuando su engaño fue descubierto, Adán y Eva se arrepintieron de lo que habían hecho y fueron perdonados. Desde entonces la misión de Iblis hasta el Qiyamah o Día de la Resurrección es engañar a la humanidad, momento en que será arrojado a los fuegos del infierno con las víctimas de sus engaños.

El yazidismo, una religión que mezcla el Islam con elementos de las antiguas religiones de Oriente Medio, presenta a Malek Taus, el equivalente de Satán, como un ángel cuya oposición a Dios ha provocado la creación del mundo y cuya presencia es aceptada como necesaria para el funcionamiento correcto de las cosas.

En otras religiones, la presencia del mal aparece descrita no siempre como una entidad. En los Gathas, los textos más antiguos del zoroastrismo, compuestos por el propio Zoroastro, el autor nunca menciona una entidad adversaria. La creación de Ahura Mazda es “asha” (verdad), frente a la “druj” (mentira), que es decadencia y caos, pero no un ser consciente. En textos posteriores ya hacia el siglo X la maldad adquiriría conciencia propia como Ahriman o Angra Mainyu, el gemelo de Ahura Mazda, siendo ambos hijos gemelos de Zurvan (el Tiempo).
Actualmente los parsis de la India, herederos del zoroastrismo interpretan a Angra Mainyu como una emanación destructiva de Ahura Mazda, enfrentado a su gemelo Spenta Mainyu, la emanación creativa.

Por lo que se refiere al hinduismo, esta religión no reconoce una entidad central maligna, aunque sí reconoce la existencia de espíritus o asuras que cometen en ocasiones actos malignos causando el sufrimiento del mundo. Un destacado asura es Rahu, similar en muchos aspectos al Diablo judeocristiano. Sin embargo, en última instancia, el único ser verdadero y omnipresente es el Dios Todopoderoso, los asuras, en sus diversas versiones sólo son espíritus influenciados por los deseos y emanaciones del mundo falso. Según los seguidores del Ayyavazhi, una rama del hinduismo, el dios Kroni es el mal supremo, que es derrotado en sus diferentes manifestaciones por Vishnu en sus encarnaciones como Rama y Krishna. Estos hinduistas creen que Kroni se encuentra omnipresente en esta era, una de las razones de su degradación.

El budismo hereda muchos de sus demonios y figuras malignas del hinduismo. No obstante, el principal de sus demonios es Mara, el tentador que trató de apartar al mismísimo Buda de la iluminación. Mara personifica la muerte de la vida espiritual, tratando de distraer a los humanos mediante los deseos del mundo y que no descubran la verdad interior. En ciertas versiones del budismo Mara no es tanto un ser independiente como una parte de la mente del individuo que tiene que ser derrotada para alcanzar la iluminación.

Entre las religiones orientales son también muy frecuentes los ritos de exorcismo y expulsión de demonios y espíritus. En el hinduismo, budismo, taoísmo y sintoísmo existen diversos métodos y ritos para exorcizar lugares, personas y animales, y habitualmente era habitual la figura de los monjes errantes que ofrecían sus servicios a cambio de comida, agua y alojamiento. Sus métodos son muy diversos, dependiendo de la religión, pero habitualmente utilizan conjuros para pedir ayuda a Buda o los dioses, mudras (símbolos especiales con las manos), sellos de expulsión y aprisionamiento impresos en papeles, amuletos e incluso espadas sagradas. Los rituales orientales, como los cristianos, pueden durar tanto unos pocos minutos como días enteros, dependiendo del poder del demonio como del monje y el método utilizado.

Por lo que se refiere al “satanismo” u adoración organizada a Satán y a los demonios, no procede tanto de una religión en sí misma, como del propósito de oponerse a las religiones organizadas, principalmente el cristianismo. Muchas prácticas paganas fueron consideradas como obra de los demonios, desacreditadas en época medieval y posteriormente restauradas en el siglo XIX, como parte del resurgir neopagano, e incluidas por los propios satanistas en sus ritos y ceremonias como un desafío al orden cristiano. Otras prácticas a menudo surgen como elementos personales de los creadores de los cultos satánicos. La demonología, los ritos esotéricos, misas negras y otros elementos considerados “satánicos” han sido practicados durante siglos, a menudo como una forma de obtener dinero (como el caso de Gilles de Rais), amor y poder. También desde hace siglos muchas herejías han sido atribuidas a los demonios como un intento deliberado de dividir a los creyentes o como una forma de desprestigiar a rivales doctrinales. La “histeria satánica” alcanzó su auge durante la década de 1970 –no es casual que muchas películas de demonios hayan sido estrenadas durante esta época- y tanto sus leyendas urbanas como sus actos reales se han extendido hasta la actualidad.
Los movimientos satánicos a menudo tratan de desacreditar a Dios, presentándolo como el verdadero mal, un tirano que ha esclavizado la creación y que provoca el miedo, el sufrimiento y la muerte para mantener a la humanidad ignorante y sometida. Esta visión de “Dios como el diablo” se remonta a la religión maniqueísta de principios de la era cristiana, que influenciada por el zoroastrismo persa defendía la existencia de un dios de la materia o “Demiurgo”, que sería el dios del Antiguo Testamento frente al verdadero Dios del Nuevo Testamento, que gobierna el mundo espiritual. Estas enseñanzas serían recogidas durante la Edad Media por la herejía de los cátaros.

La propia psicología ha analizado el papel de los demonios en la mentalidad humana. Wilhelm Wundt afirma que la muerte y el miedo a la muerte constituyen el origen de la creencia en los demonios, como atestiguan los mitos más antiguos. Las posesiones demoníacas a menudo son relacionadas con trastornos de personalidad.


Por Magus