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sábado, 18 de julio de 2026
lunes, 22 de diciembre de 2025
viernes, 10 de octubre de 2025
sábado, 27 de septiembre de 2025
miércoles, 7 de agosto de 2024
miércoles, 28 de agosto de 2019
Sectas satánicas
Imprescindible síntesis sobre sectas satánicas
1. https://historol.blogspot.com.es/2018/02/las-sectas-o-iglesias-satanicas-1-los.html
2. https://historol.blogspot.com.es/2018/03/las-sectas-o-iglesias-satanicas-2-los.html
3. https://historol.blogspot.com.es/2018/05/las-sectas-o-iglesias-satanicas-3-los.html
4. https://historol.blogspot.com/2018/05/las-sectas-o-iglesias-satanicas-4-y.html
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sábado, 1 de abril de 2017
Cada uno con su rollo
Ya están los sectarios de cristo con su puta secta hablando de incompatibilid de los #jdrol #juegosderol con su fe https://t.co/ChmwNUOqVB— Tzimize™ (@tzimize) 1 de abril de 2017
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lunes, 17 de octubre de 2016
Haití pertenece a Lucifer
Mira @rinconvampiro Haití le pertenece a Lucifer https://t.co/wDvbfT9ra5 Tiene un país el jefe #semillasdehistorias #rincondemonio— Tzimize ™ (@tzimize) 10 de octubre de 2016
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viernes, 27 de febrero de 2015
Barbie ya no es lo que era
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Muñecas y muñecos -léase Barbies y Kens-, sangre, suicidio, cabezas decapitadas, necrofilia, sexo duro, cultura oriental, subversión y crítica social. Estas son las palabras que describen el trabajo de Mariel Clayton, fotógrafa canadiense de origen sudafricano que encontró su inspiración durante un viaje a Tokio: quedó seducida por el surrealista mundo de las miniaturas japonesas y las historias que podía contar a través de ellas. Pero, sobre todo, con lo “jodidamente divertido” que le resultaba.
Desde entonces, no ha dejado de reírse y hacernos reír. Ese es su gran objetivo. “Creo que la vida es un lugar histéricamente desastroso y, si no nos reímos de ello, nunca lo entenderemos”, afirma. El origen de su atípico y macabro trabajo, insiste, no se debe al hecho de haber tenido una infancia difícil: nunca abusaron de ella, no se considera una persona psicológicamente inestable, rara o diabólica. Sólo busca compartir su sentido del humor (negro) con otros. El motor de su trabajo, lo que provoca que su cámara se ponga en movimiento y cree sus pequeñas instalaciones, es la aversión que siente ante la cara más estereotipada, superficial y tradicional de lo que es ser mujer (sea vía Mattel o no): una fémina que sólo piensa en trapitos, cirugía estética, crear una familia a la antigua usanza… La libertad, entendámonos, se antepone a todo, incluso la libertad de ser fiel a los valores tradicionales, pero también existen otros modelos de mujer, otros modelos de familia, que quedan ocultos y no explicitados en la educación que recibimos a través de los juguetes, las películas de (por ejemplo) Disney o los cuentos heredados de nuestros ancestros. De ahí a rechazar la parte más frívola y convencional de la sociedad capitalista (Barbie es sólo un icono de la misma) media un fotograma digital. Lo uno va ligado, indefectiblemente, a lo otro.
La artista pide a gritos, aunque dice no pretender hacer llegar ningún mensaje con su trabajo, que cada uno se responsabilice de su vida, independientemente del sexo (hombre o mujer). Pero no nos equivoquemos, se considera anti-feminista. El feminismo, argumenta, lleva a la demonización ridícula del hombre y eso sí que es ridículo. Mariel Clayton muestra en su trabajo el lado más oscuro de la muñeca Barbie, la novia americana que nunca quisiste tener.
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miércoles, 27 de noviembre de 2013
Crimen Sollicitacionis
“Si un sacerdote es acusado de solicitar sexo de parte de alguien que está tratando de dar su confesión, o si un sacerdote mantiene relaciones sexuales con otro hombre o con jóvenes de ambos sexos o animales brutos, el caso debe tratarse de la manera más secreta posible y la instrucción de los casos debe ser diligentemente almacenada en los archivos secretos de la curia bajo el rótulo de estrictamente confidencial, sin posibilidad de ser publicada ni tampoco podrán añadirse comentarios”.
“La divulgación por parte del clero o de los denunciantes se considera merecedora de pena de excomunión”.
Este edicto fue promulgado el 16 de marzo de 1962 por el papa de la época, Juan XXIII. El documento se llamó “Crimen Sollicitacionis” y fue dirigido a todos los obispos del mundo. Muchos años después, el Prefecto del Santo Oficio y jefe de la así llamada “Congregación de la Fe”, bajo el pontificado de Juan Pablo II, ordena ocultar todos los casos de pederastia dentro de la iglesia; insta el traslado de los curas acusados de abusos sexuales a diferentes diócesis; cuando sea posible, se deberá llegar a acuerdos económicos con las víctimas de abusos y en los casos más extremos, se concederá refugio al abusador en el interior de la nación vaticana.
Leer más...El Prefecto además ordena que todos los nuevos casos de abusos sexuales que ocurran en cualquier parte del planeta, sean inmediatamente remitidos a sus oficinas para así tomar la mejor decisión sobre cómo proceder, cuidando por supuesto la integridad y buen nombre de la iglesia, pero nunca la integridad de las víctimas. El periódico The Observer publicó una carta firmada por este prefecto y enviada a todos los obispos católicos, en la cual pedía que los casos de abusos sexuales fueran llevados en secreto. El prefecto era Joseph Ratzinger, futuro Benedicto XVI.
Por su parte la BBC emite un documental llamado “Abusos sexuales y el Vaticano” denunciando nuevamente, entre muchas otras infamias, el deseo de ocultar a la opinión publica los abusos sexuales perpetrados por los sacerdotes.
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jueves, 21 de noviembre de 2013
Putas en el Vaticano
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| Pornocracia (880 a 1046) |
Incluso un ermitaño llegó a ser nombrado papa (Celestino V) y, tras un cortísimo tiempo calzando las ‘sandalias del pescador’ decidió renunciar al cargo y volver a vivir en la cueva de donde había salido, para finalmente ser traicionado y asesinado por su sucesor.
Leer más...Odio, traiciones, venganzas y mucho sexo desmedido ha rodeado durante siglos todo lo que estaba relacionado con los pontífices y todos los oscuros personajes que los acompañaban.
Un periodo que fue bautizado como ‘saeculum obscurum’ (edad oscura) y en el que en poco más de 150 años (del 880 al 1046) desfilaron por el ‘trono de San Pedro’ un total de 48 papas.
Sobre todo el periodo correspondiente a los siglos IX y X, rebautizado años más tarde como ‘pornocracia’, fue uno de los más oscuros y en el que más se desmadró todo lo relacionado con la curia romana y la prostitución.
Unos años en los que los papas no eran escogidos en un cónclave, como siglos después se instauró, sino que se compraba y vendía ese puesto al antojo de dos cortesanas que fueron las que manejaron todos los asuntos de cama y salón.
La senadora Teodora fue amante, madre, abuela y mentora de un buen número de papas, lo mismo que su hija Marozia, quienes entre las dos hicieron y deshicieron en los entresijos del Vaticano, existiendo algunas crónicas que describen la época y el lugar como el ‘Reinado de las prostitutas’.El obispo Liutprando de Cremona dejó una descripción muy gráfica de lo que aconteció durante aquellos años de pornocracia, relatando con todo lujo de detalles cómo eran las fiestas (y orgías) que se organizaban en el Vaticano, a las que asistían desvergonzadas prostitutas que bailaban y deleitaban a los presentes, para finalmente yacer con todos ellos.
También explica como todos los obispos de la ciudad de Roma estaban casados y sus esposas se confeccionaban sus ropas con las sedas de las vestiduras sagradas.
De Teodora cuenta cómo sedujo a un joven sacerdote, del que se encapricho locamente, mandó nombrar Arzobispo de Roma y tras un corto periodo en el cargo nombrarlo papa bajo el nombre de Juan X.
El poder de Marozia, según las crónicas, fue aún mayor que el de su madre. Algunas fuentes se atreven a afirmar que ésta no era hija del cónsul y senador romano Teofilacto I, casado con Teodora, sino que nació de la relación extraconyugal con Juan X.
Por el lecho de la joven Mazoria también pasaron algunos papas o candidatos al puesto, siendo uno de los más destacados Sergio III, con el que tuvo un hijo que fue también nombrado papa con el nombre de Juan XI (el séptimo del periodo de la pornocracia).
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| La leyenda de la Papisa Juana |
Cabe destacar que muchas son las fuentes que indican que la leyenda de la Papisa Juana se creó a raíz de estos pérfidos y ambiciosos personajes quienes influyeron en la elección, sustitución y muerte de un gran número de pontífices.
Existió un tipo de asiento papal conocido como 'sedia stercoraria', el cual dispone de un agujero en el centro del mismo. Según numerosos escritos éste se utilizaba una vez elegido nuevo Papa tras el cónclave y su función era para determinar, mediante el palpado testicular por parte de un joven diácono, si el recién escogido nuevo pontífice era varón.
Una vez comprobada la masculinidad del Papa, el encargado de realizar dicha tarea debía decir "testiculos habet" (tiene testículos) o "habet duos testiculos et bene pendentes" (tiene dos testículos y cuelgan bien). Dicho esto comenzaba toda la liturgia de coronación del nuevo Sumo Pontífice.
Mucha es la literatura, documentación e ilustraciones que existe sobre este extraño proceder para verificar si el recién escogido Papa disponía de atributos masculinos, aunque la Iglesia Católica nunca ha confirmado oficialmente que se realizase tal ritual.
¿Por que se hacia esto? Versiones apuntan a la leyenda o no leyenda de la Papisa Juana. Todo parece indicar, según numerosas leyendas, que en el siglo IX se produjo el caso de que una mujer de origen inglés (algunas fuentes indican que era germana) consiguió hacerse pasar por hombre y llegar a ser nombrada Papa de Roma y con los años ser conocida como la Papisa Juana.
No existe documentación oficial que pueda verificar que la historia llegase a ocurrir realmente y, evidentemente, la Iglesia lo niega. Según esta leyenda, durante el transcurso de una procesión del Corpus Christi cuyo recorrido iba desde la Plaza de San Pedro hasta San Juan de Letrán. En un momento del recorrido el Papa se llevó las manos a su abdomen y comenzó a retorcerse de dolor, cayendo al suelo y apareciendo de su entrepierna un recién nacido. Ante el asombro de todos los presentes comenzó a producirse una algarabía que acabo con un grupo de ciudadanos gritando por la ofensa a Dios cometida por la mujer Papa, acabando con su vida y la del bebé a base de golpearles con palos y lanzamientos de piedras.
Aunque hay numerosos escritos sobre esto, ninguno precisa fechas concretas, habiendo bailes de fechas que lo sitúan dos décadas arriba o abajo (entre el 855 y 872). Tampoco podemos encontrar su nombre Papal, aunque con Juan VII está la hipótesis de que la historia se inventase para desprestigiarle, debido a su actitud benevolente con otras iglesias, sobre todo la proveniente de Oriente. Esto provocó que fuese tachado de poco varonil y podría acabar desembocando en que se le llamase en algún momento Papisa Juana en lugar de Papa Juan.
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martes, 19 de noviembre de 2013
lunes, 4 de noviembre de 2013
Acusando a las brujas
Aunque la Inquisición española tiene ganada fama sobre la quema de brujas, la verdad es que no fue para tanto, que ya tenía bastante la Suprema con perseguir herejes y guardar la moral para preocuparse de cuatro viejas y sus maleficios. El auténtico motivo de la persecución de la bruja es por ser remanente de creencias paganas, ya que podía apartar a los buenos cristianos de la fe verdadera y entregarlos a cultos idólatras o demoníacos; por ello en España, de las 125.000 acusadas de brujería, sólo se terminó ajusticiando a 59 (o al menos eso es lo que comentan los escritos), mientras en Alemania el número se elevaba a 25.000 ajusticiadas, ya que el problema era tan grave (al fin y al cabo en sus fronteras se encontraba la cuna de la civilización celta), que hasta los tribunales civiles podían juzgar cuestiones de brujería.
Leer más...En nuestro país, la persecución de la bruja se hacía si había maleficios de por medio o si el diablo asomaba. Así, aunque Dios prohibía el uso de hechizos, la sociedad hacía un poco la vista gorda, permitiendo aquellas prácticas menores (como el quitar el mal de ojo que hacían hechiceras y desaojeadoras) e incluso permitiendo otras como la actuación de salutadores (con su correspondiente licencia para actuar “legalmente”).
En los tiempos de la Inquisición, algunos ejemplos de las penas y/o multas impuestas son las siguientes (destacando que aquellas prácticas más maléficas, en que la muerte o el diablo andasen de por medio, bien podían ser castigadas con la hoguera):
- Astrología: 5000 maravedíes.
- Curanderismo: dos misas y trescientos maravedíes.
- Santiguar con ensalmos: una misa y multa de dos ducados.
- Encomendar el ganado: una misa y un ducado.
- Saludar (salutadores): no se castigaba, a no ser que se realizasen otras actividades.
- Falsificar licencia del Santo Oficio para la práctica de la salutación: cien azotes y ocho años de destierro.
- Adivinación: Vergüenza pública y destierro de diez años. a Hechicería: tormento, cien azotes y destierro de seis años.
- Superstición: dos años de destierro.
- Blasfemia y supersticiones: doscientos azotes y cuatro años de galeras.
- Invocar al demonio: tres mil maravedíes.
- Pacto con el demonio: doscientos azotes y destierro de cuatro años.
Uno se puede preguntar cómo es posible que una persona sepa que otra es bruja, aunque lo normal es que, a no ser que se tratase de bruja de fama, la envidia, la mala fe o la simple paranoia andase por medio; la denuncia de que alguien era bruja siempre iba a acompañada de un “Fulanita es bruja y me ha lanzado un maleficio”. De todas formas, el conocimiento popular puede ayudar, pues hay señales que las delatan:
- Alguna malformación fruto de sus tratos con el diablo (tener un ojo de distinto color, un ojo o mano de gato, una pezuña en vez de pie).
- No tener sombra (esta señal es influencia de la leyenda del Marqués de Villena).
- El fuego se torna de un color azulado delante de ellas.
- El vino se convierte en vinagre o la leche se corta.
- Los niños pequeños, inocentes ellos, detectan su maldad llorando en su presencia.
- Si al mirar a sus ojos se ven como unas patas de sapo, seguro que es bruja (su marca del diablo).
- Si sus cejas, independientemente del color de su pelo, tienen un color azafrán.
- Si estando encendidas velas a las ánimas del Purgatorio, entra una mujer y se apagan, es señal que es bruja.
- La que no se santigüe ante las cruces de los caminos, bruja es.
- Si un gato no se deja poner un lazo rojo, seguro que es una bruja transformada.
Este proceso se divide en tres partes: el interrogatorio comienza con las preguntas de rigor sobre el tema tratado. Si las respuesta no convencen al interrogador o el reo no contesta, o dice no saber nada del tema, el interrogador repite las preguntas, esta vez haciendo pasar al torturador y explicándole todos los tormentos a los que será sometido si no coopera.
Si aun así sigue sin “cooperar” (sin decir la verdad, lo que significa que dice cosas tales como “que es inocente”), se procede a la tortura del reo.
Teóricamente las sesiones de tortura en busca de la confesión sólo se podían repetir tres veces, aunque era práctica normal el ignorar tal limite. Aparte de la tortura, se podían buscar pruebas sobre la culpabilidad de la bruja.
Una prueba común era la búsqueda de la marca del diablo, la marca que éste imponía a la bruja para presentarla como su servidora y que solía tener forma de lunar o mancha en la piel, con forma diabólica o de animal impío. Como al pinchar tal marca ni sangraba ni dolía, el torturador procedía a pinchar todo lunar o mancha que el reo tuviese en el cuerpo, para dolor y tormento del mismo. Si no había éxito, rasuraba el pelo de todo el cuerpo en busca de la marca, o se examinaba bajo la lengua o en las pupilas de los ojos. El lector se puede preguntar si el método era efectivo, pero, tras una buena sesión de tormento y pinchazos, la víctima podía caer en la inconsciencia, rendida a tanto dolor y sufrimiento, y al ser pinchada en un determinado lunar no responder al dolor por puro agotamiento, con lo que el examinador daba por terminada su búsqueda al creer haber encontrado la marca.
Otras pruebas de brujería, según nos cuenta el jesuita germano Peter Binsfeld en su Commentarius de Maleficios:
- Tener la marca del diablo, normalmente un lunar o marca de nacimiento, aunque existían casos en que tal marca no eran visible (y lo más curioso eran aquellas gentes que decían encontrar la invisible marca).
- El encontrar el pacto diabólico firmado por el mismo demonio. a Ser denunciada por otra bruja (revelar los nombres del resto del aquelarre era un buen modo de evitar la pena de muerte).
- Estar relacionada con otros brujos o brujas convictas.
- Haber cometido blasfemia.
- Haber participado en aquelarres.
- Haber hecho un daño a alguien que sólo podía haberse inflingido mediante el uso de la brujería.
- Estar en posesión de herramientas o componentes para la práctica de la magia negra.
- Haber una o más brujas en la familia.
- Mostrar miedo durante los interrogatorios.
- No llorar o gritar durante los interrogatorios (esto se suponía que por la ayuda que el diablo le brindaba para soportar el tormento).
- Haber tenido relaciones con un demonio.
Derivados de éstos, aparecieron los llamados “juicios o pruebas de brujas”: pruebas a las que someter a las sospechosas de brujería para determinar si realmente lo eran. Cabe comentar que tales pruebas no se practicaban en los tiempos de la Inquisición, ya que se veía el método de la confesión (y el tormento) como método más civilizado y avanzado que los “juicios”. Algunos de estos juicios o pruebas eran los siguientes:
- Judicium aquae ferventis, o prueba del agua caliente, en la que el acusado debía sacar un objeto (una pequeña piedra o anillo) de un caldero de agua hirviendo, sin quemarse, para demostrar su inocencia. Esta prueba también fue conocida como pena caldedaria o prueba caldaria.
- Judicium aquae frigidae, o prueba del agua fría, en la que el acusado, atado de pies y manos, era arrojado a un río o estanque. Si se hundía era buen cristiano y si flotaba significa que era bruja (algunos autores indican que porque el diablo las sostenía desde abajo para que no se ahogasen y otros que porque las brujas apenas pesaban y gracias a ello flotaban y podían volar). Este juicio también se hacía en virtud de las palabras de San Dunstan, santo inglés del siglo décimo: “No dejéis que las aguas reciban el cuerpo de aquel que liberado del peso de su bondad, es izado por los vientos de la inequidad”.
- Judicium ferro (o ferri candentis), o prueba del hierro candente, en la que el acusado debían andar sobre media docena o una docena completa de barras de hierro al rojo, sin quemarse. Variante de este juicio es la prueba del hierro al rojo: se obligaba al acusado a sujetar un hierro al rojo durante nueve pasos, tras los cuales se sellaba la mano en un saco que no se abriría hasta pasado sus tres días y tres noches. Si la mano aparecía sin daños, era inocente. Esta variante dio lugar a un proverbio francés que dice “no metáis la mano en el fuego”.
- La prueba de la aguja, en la que se usaba una aguja para buscar la marca del diablo. Se siguió usando aún en tiempos de la Inquisición.
- La prueba de la cruz, en la que el acusado se ponía delante del altar con el cuerpo en forma de cruz, como si estuviese crucificado, y a continuación se le leía la misa, salmos o pasajes de la pasión de Cristo. Si el acusado se movía, demostraba su culpabilidad.
- La prueba del peso o la balanza, en la que se pesaba a la bruja, la cual para serlo no podía pesar más de diez o doce libras, pues era sabido que debían poder flotar y volar. El citado peso no era medida arbitraría sino que se tomaba de la creencia popular de que para volar y flotar no podían pesar más que un ganso. Variante es en la que se usa como pesos una o varias biblias. El juicio del agua era más certero que este.
- La prueba de las lágrimas, pues se pensaba que las brujas no podían llorar. Esta prueba podía ser contradictoria según algunos teólogos, como Peter Binsfeld.
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martes, 29 de octubre de 2013
El aquelarre
Se conoce como aquelarre a la reunión que brujos y brujas celebran para adorar a su oscuro señor. La palabra tiene un origen vasco, akelarre, que significa “el prado del cabrón”, refiriéndose a las reuniones y ritos que se realizaban en honor de Akerbeltz, el dios cabrón vasco, y que fue absorbida por el imaginario popular como reunión de brujas.
Leer más...El lugar
Esta reunión se realizaba en determinadas fechas señaladas durante el año, algunas coincidiendo con fechas de significado pagano, y también era conocida como Sabbath en referencia a la celebración del sábado como día sagrado por los judíos (los historiadores no se ponen de acuerdo en si esta referencia se debe a lo esporádico de las reuniones, a la celebración del aquelarre en sábado, un día antes que el día sagrado cristiano, o a que sea una referencia hebrea por que se odiaba a judíos y brujas por igual).
Los lugares elegidos para el aquelarre, según el imaginario popular, eran sitios impíos como cementerios locales (extraño, pues los cementerios son tierra consagrada) o cruces de caminos (lugares donde se creía que uno podía encontrarse con el Maligno), pero lo cierto es que solían ser cimas de montañas o claros del bosque (también cavernas), lugares normalmente apartados y de fuerte significado pagano, que podían haber sido ónfalos o nemetones de las antiguas religiones del pasado.
La elección de estos parajes no es casual, pues la cercanía de estos lugares al Otro Mundo facilitaba la invocación del diablo, así como que las brujas fuesen en espíritu transportadas al lugar, además de que su lejanía procuraba la intimidad que los rituales requerían y evitaba posibles molestias como el desagradable toque de maitines de ermitas, conventos y monasterios, que según la cultura popular obligaba a concluir el aquelarre. Con el tiempo, estos lugares ya no serán lugares sagrados, pasajes al Otro Mundo, y se convertirán en parajes demoníacos, lugares de reunión de brujas e incluso puertas al mismísimo Infierno.
El viaje
Al aquelarre iban los brujos según su clase y condición: los que vivían cerca del lugar iban andando y los que vivían más lejos y se lo podían permitir, a mulo o caballo, aunque el método de viaje más vistoso era ir volando, ya fuera transportado por el mismo diablo, a lomos de sus demonios familiares, o usando un ungüento especial que debía untarse en el sexo, ingles, nalgas, axilas y en un palo, horca o escoba que les permitía surcar los cielos en dirección al aquelarre. La fórmula del ungüento varía de una comarca a otra, aunque nos cuentan cronistas de la época que era verde y de olor grave y pesado, con componentes comunes tales como hierbas y raíces de tipo alucinógeno (cicuta, solano, velecio, belladona y mandrágora, por citar algunas). Durante mucho tiempo, hubo un buen revuelo con el tema y fue motivo de discusión teológica, si las brujas eran transportadas a los aquelarres volando realmente, o si hacían dicho trayecto en espíritu. Esto se debía a los efectos alucinógenos de ciertos ungüentos de vuelo, que en contacto con la piel provocaban a los untados caer en la semiinconsciencia y sufrir terribles visiones del diablo llevándolos al aquelarre y obligándolos a participar en horribles actos.
La discusión sobre el tema tuvo defensores y detractores de ambas opiniones. En el siglo IX, el Canon Episcopi nos cuenta sobre el tema, relacionándolo con los vestigios paganos:
“…No se puede admitir que algunas mujeres infames, pervertidas por Satán y seducidas por ilusiones y los fantasmas del diablo creen (y dicen) que van, durante la noche, con Diana (diosa de los paganos) y Herodías y una multitud innumerable de mujeres, cabalgando sobre ciertas bestias, recorriendo largos espacios en el silencio de la noche y obedeciendo (a cierta diosa) como a su Señora… Por eso los sacerdotes de Dios deben predicar al pueblo para que sepa que todo eso es completamente falso y que semejantes fantasmas en los espíritus de los fieles provienen no del espíritu de Dios sino del espíritu perverso; puesto que Satán toma diversas figuras y parecidos, y, engañando por sueños al alma que tiene cautiva, las conduzca hacia todas las desviaciones…”
Los autores del Malleus Maleficarum, Heinrich Institor Kramer y Jacobus Sprenger, pensaban de una manera muy distinta, acusando al Canon de anticuado, equivocado y peligroso, pues aquellos que lo creían como cierto estaban haciendo flaco favor a la cristiandad y beneficiando con su error al diablo, las brujas y sus siervos. Ambos autores cuentan sobre el tema:
“…Inmediatamente se elevan en aire, sea de día o de noche, sea de manera visible, sea (a voluntad) de manera invisible; ya que el diablo puede borrar un cuerpo interponiendo otro objeto, como se ha dicho en la primera parte al tratar de los prodigios e ilusiones del diablo. En verdad, es por medio de este ungüento, realizado con el fin de privar a los niños de la gracia del bautismo y de la salud, que el demonio obra la mayor parte de las veces; no obstante, por lo que parece, él ha efectuado varias veces el mismo transporte sin eso. Algunas veces él transporta a las brujas sobre animales que no son animales sino demonios bajo esa forma, o también, ellas se transportan sin ninguna ayuda exterior…”
Tras muchas discusiones por toda Europa, la discusión es tratada en España por la Inquisición que, en su Consejo reunido en 1.529, tras estudiar el asunto a fondo, decidió por seis votos a favor y cuatro en contra que las brujas eran llevadas por los aires por el diablo en cuerpo y alma.
En zonas de antigua influencia celta, para la marcha al aquelarre se hace una procesión al lugar con los participantes portando antorchas, como en las ceremonias paganas del pasado.
El aquelarre
El aquelarre comienza siempre de noche, como mínimo al ponerse el sol, siendo las horas entorno a la medianoche las más usuales (ya se sabe que a ciertas horas, entrada la noche, sólo se aventuran los que andan metidos en conspiraciones, o en tratos con el diablo).
Los rituales son dirigidos por un gran brujo o bruja, normalmente la de mayor edad o poder, al que se le denomina “maestre” y, caso de no poder asistir, se encargan otros brujos a los que se les denomina “oficiales”. Existen otros cargos, siendo el más importante el llamado “rey o reina de las brujas”, un personaje de gran poder, favorito del Diablo, que acude únicamente a los aquelarres de mayor importancia (dicho cargo es concedido por el mismo Diablo y sólo puede ser ostentado por una única persona en una comarca o zona concreta).
El aquelarre comienza, tras la llegada de todos los asistentes, con la invocación del diablo, el cual puede aparecer bajo varias formas (o acompañado de otros demonios), siendo dos de las más comunes la de un enorme cabrón negro y la de Leonardo, un cabrón negro alado de forma humanoide, aunque también se puede aparecer bajo la forma de otros animales impuros como un enorme sapo o gato negro.
Una vez invocado, el diablo se sienta en una especie de trono de oro, madera o piedra y recibe el homenaje de los asistentes mediante la ceremonia conocida como el “osculum infame”: el diablo iba leyendo el nombre de los asistentes o llamándolos uno a uno, éstos se dirigían a él, reptando o caminando hacia atrás, y le besaban el ano, y según algunas fuentes también el miembro, el cual siempre estaba frío (sobre esta frialdad, el Malleus Maleficarum postula que es debido a que los demonios forman sus cuerpos físicos con el mismo aire).
Tras este rito, los aspirantes a brujos eran presentados oficialmente a la comunidad y, ante el diablo, renegaban nuevamente de su fe y del bautismo, prometiendo cometer toda clase de viles actos y maldades en nombre de su oscuro señor, realizando a continuación el osculum infame (todo esto suponiendo que el aspirante ya hubiese llegado anteriormente a algún pacto con el Maligno, en caso contrario el pacto se constituye tras ser presentados al cónclave). El diablo, complacido, aceptaba al aspirante, le asignaba un nuevo nombre por el que sería conocido en la comunidad infernal y le ponía su marca. Esta marca del diablo consistía en un lunar, mancha o marca de nacimiento con forma de un animal impío, de sapo, cabra o pata de la misma, o incluso un simple círculo, y era estampada en lugar concreto del cuerpo del aspirante.
El lugar exacto varía dependiendo de la comarca en la que se celebre el aquelarre (en según qué zonas había costumbre de situarla siempre en una zona concreta del cuerpo) o según el capricho del diablo, que puede situarla incluso bajo el cuero cabelludo, debajo de la lengua o incluso en las pupilas.
Tras la iniciación de los aprendices, el diablo interrogaba a cada asistente sobre cuáles eran las maldades que habían cometido desde el último aquelarre y, en caso de no estar complacido, era libre de imponer castigos o “penitencias” a los brujos y brujas menos aplicados.
Tras esto, era normal el realizar un ritual de adoración al Maligno, parodia de la misa cristiana. En la ceremonia era común el sacrificio de animales o víctimas humanas, especialmente apreciados niños no bautizados. En esta misa negra, en lugar de altar se usaba la espalda desnuda de una joven, en lugar de hostias consagradas, hostias robadas a parroquias locales, bañadas en la sangre de los sacrificios humanos (esto hacía que en la época se recelase de aquellas jóvenes que en lugar de comer la hostia del sacerdote se la guardaba para tomarla más tarde), y se hacía burla y sacrilegio de todo lo sagrado. La ceremonia solía ser oficiada por un sacerdote o monje apóstata, o incluso, para mayor regocijo del Maligno, un sacerdote que alternaba sus misas a Dios y al Diablo por igual.
Terminada esta ceremonia, todo el mundo se despojaba de sus ropas y comenzaba una danza que pronto degeneraba en una orgía, en la que todos fornicaban con todos, en medio de las más aberrantes prácticas sexuales, en las que la cópula con el mismo diablo se consideraba gran distinción y privilegio. Si la bruja quedaba preñada del diablo era gran honor el ofrecerle el niño resultante como sacrificio en el próximo aquelarre. Durante esta orgía era normal el consumo de grandes cantidades de bebidas alcohólicas, para amenizar la “fiesta”.
Tras la danza, la bacanal y el desenfreno, los asistentes recuperaban las fuerzas con un suntuoso banquete, en el que no faltaba la carne de los sacrificios ofrecidos anteriormente al diablo, lo cual podía significar la práctica del canibalismo (los huesos o restos de los niños no bautizados eran guardados como excelentes componentes para maleficios). Los alimentos podían ser comidos cocinados o crudos, pero un elemento que jamás estaba presente era la sal, ya que desde tiempos antiguos se tiene como elemento sagrado. Esta práctica provocó la aparición de curiosas costumbres supersticiosas para protegerse de las brujas y los malos espíritus: echar sal a la espalda por encima del hombro izquierdo o hacer que los bebés laman sal durante el bautismo.
Tras todo esto, como acto final, todos los asistentes se reunían y convocaban tempestades que asolasen la región, llamaban al granizo para que arruinase los campos o echaban maldiciones sobre las gentes o el ganado, tras lo cual se despedían y volvía cada uno a su casa, ya sea a pie, a caballo o surcando los cielos mientras se soltaban terribles risotadas (las gentes de lugares cercanos hacían bien en cerrar bien sus puertas y ventanas, para evitar ver o escuchar tan macabro espectáculo). La cultura popular también daba como señal que avisaba del final del aquelarre el toque de maitines de iglesias o ermitas y el canto del gallo.
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martes, 22 de octubre de 2013
Hacerse bruja
“Se llaman brujos o brujas a los hombres o mujeres que después de haber renegado de Dios y de la religión se han entregado al Diablo en virtud de un pacto formal, a fin de obtener de él el poder de obrar toda clase de maravillas que serían imposibles en un orden natural.”
A modo histórico, rescato desde el capitulo 4 de Ars Malefica (suplemento para Aquelarre) el proceso de investidura en once pasos por el cual una mujer se convertía en bruja, siempre según el demonólogo Francesco Guazzo:
Leer más...
- Negación de la fe cristiana.
- Rebautizo del aspirante por el Diablo con un nuevo nombre no cristiano.
- Eliminación del crisma bautismal.
- Renuncia a los padrinos cristianos a cambio de nuevos padrinos satanistas.
- Entrega al Diablo de una pieza de ropa usada (y sudada) en prenda (en caso de que el nuevo converso abjurara de sus promesas, el Diablo podrá castigarle a través de esta prenda, inflingiéndole mil y un suplicios hasta que vuelva a su lado).
- Juramento de fidelidad al Diablo en el interior de un círculo mágico.
- Inscripción del nombre del nuevo converso en el Libro de la Muerte (los que están inscritos en este libro pierden toda posible esperanza de redención el día del Juicio Final).
- Promesa de sacrificar niños al Diablo.
- Conformidad en pagar el tributo anual al Demonio que se designe (no se trata de pagar dinero, sino de llevar a cabo determinadas tareas o misiones, siempre malvadas: se las conoce como “las ofrendas negras”).
- Imposición de la marca del Diablo.
- Votos de servicio al Diablo (no adorar jamás el Sacramento, no utilizar jamás agua bendita, guardar silencio sobre los tratos con el Diablo).
También tenemos a los que siguen los caminos de la brujería por pura necesidad — quizá la viuda sin medios para subsistir se echa a los brazos del diablo y los suyos para no morir de hambre— o por el mero capricho, para alcanzar lo inalcanzable por medios convencionales. A veces, es el propio demonio el que entra en escena, apareciéndose a los necesitados y ofreciéndoles sus servicios, a cambio, claro, de que se le unan.
Y al final están los que, por avatares del destino, parecen destinados a la brujería, como los nacidos en fechas muy señaladas como Navidad o Viernes Santo, que con su nacimiento se mofaban de Cristo ya que nacían el mismo día que Él había nacido o muerto (aunque este destino normalmente se reserva a mujeres, pues hombres nacidos en esta fecha se consideraban candidatos a buenos salutadores, todo dependerá de las costumbres y creencias de cada lugar en concreto).
La costumbre popular aseguraba que:
- Aquella niña nacida en la medianoche del Día de Difuntos puede hablar con los muertos.
- Naciendo dos hembras gemelas, la superviviente será buena para curar hechizos.
- La mujer que conciba siete hijas y ningún varón, la última será bruja
Para que una persona se convierta en brujo o bruja primero ha de llegar a algún tipo de pacto con el demonio, que los demonólogos ven como el auténtico bautismo al mundo infernal. A veces este pacto es general, simplemente ponerse al servicio del demonio a cambio de que éste le conceda el conocimiento de la magia (lo cual normalmente implica la pérdida del alma); en otras ocasiones el pacto es más especifico, fruto de la necesidad o del capricho para conseguir lo ansiado, aunque posteriormente, cuando ello sea satisfecho, el beneficiario debe unirse a la sociedad brujeril (quiera o no, aunque un mortal especialmente listo puede librarse), cumpliendo los mandatos del diablo.
Si el pacto era específico, normalmente se establecía un contrato o documento legal que ambas partes debían firmar, inscribiendo el diablo su firma y/o sello y la persona su firma rubricada en sangre. Si el pacto era por el simple hecho de convertirse en bruja o ponerse al servicio del diablo no solía existir tal documento, conformándose el diablo sólo con marcar a la víctima. Un célebre pacto fue el del francés Urbano Grandier, cura de San Pedro de Loudun, acusado de haber introducido al demonio entre las religiosas ursulinas de dicha ciudad.
En su proceso un exorcista aportó el pacto como prueba, que, según dijo, había conseguido gracias al valimiento que tenía con un demonio guardián del archivo infernal. El pacto rezaba así:
“Amo y señor Lucifer: Os reconozco mi dios y príncipe y prometo serviros y obedeceros mientras viva. Renuncio a otro Dios, como Jesucristo, a los santos y santas y a la Iglesia Apostólica y Romana, a sus Sacramentos y a todas las oraciones y preces que los fieles puedan impetrar por mí. Prometo hacer todo el mal que pueda y que los demás hagan. Renuncio al crisma, al bautismo, a todos los méritos de Jesucristo y de sus santos; y si dejo de serviros, adorados, y no me postro ante vos una vez al día, os doy mi vida como vuestro bien. Urbano Grandier.”
En este pacto se ven las obligaciones de la bruja con el diablo, pero si algo curioso tiene es que existe otro documento que lo acompaña, firmado por el diablo, a modo de recibo, y que expone los beneficios del pacto (lo normal es que todo estuviese incluido en el mismo documento):
“Nos, el muy poderoso Lucifer, secundado de Satanás, Belzabut, Leviatham, Elimi, Astarot y otros, hemos aceptado en el día de hoy el pacto de alianza de Urbano Grandier, que se nos entrega; y le promete el amor de las mujeres, la flor de las doncellas, el honor de las monjas, las dignidades, los placeres y las riquezas: fornicará cada tres días, la embriaguez le será gustosa, cada año, una vez, nos ofrecerá un homenaje firmado con su sangre, hollará con sus pies los sacramentos de la Iglesia y nos dirigirá oraciones.
En virtud de este pacto vivirá veinte años feliz en la tierra de los hombres, y vendrá luego entre nosotros a maldecir a Dios. Hecho en los Infiernos en el consejo de Demonios. Han firmado Lucifer, Belcebut, Satanás, Elimi, Leviatham, Astarot. Visado con la signatura y sello del maestro diablo y de los S.S. príncipes de los demonios. Contraseña. Barberito, secretario.”
Para llegar a este pacto existen dos caminos claros: o buscar algún tipo de tutor humano que guíe a la futura bruja en los caminos del Maligno o que ella misma invoque al diablo para realizar el pacto. La búsqueda del tutor puede ser sencilla o complicada, según la presencia brujeril de la zona en cuestión: si en la comarca hay fama de aquelarres, siempre se puede presentar en uno para unirse o, si existe gente con fama de bruja, se puede acudir a ellas pidiendo ser aprendices.
Si la búsqueda del tutor no es tan sencilla, el interesado debe invocar al Maligno para hacer el pacto, lo cual puede ser complicado si se usan los hechizos ordinarios o más sencillo, si se tiene en cuenta la creencia popular sobre algunos rituales y prácticas supersticiosas que permiten a los aspirantes convertirse en brujas, algunos tan inocentes como acudir a un puente o cruce de caminos a medianoche (lugares entre dos sitios, conectados de alguna manera con el Otro Mundo pagano) y tumbarse, llamando al diablo, o darle varias vueltas a una iglesia mientras se reniega de la fe.
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Que no te lo impida
"Nunca permitas que tu sentido de la moral te impida hacer lo correcto" - Salvor Hardin
"Soy la peor clase de malvado; Aquel que hace lo necesario, por que sabe que su causa es justa" - Lucifer
"La moral es la debilidad del cerebro" - Arthur Rimbaud
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