jueves, 21 de noviembre de 2013

Putas en el Vaticano

Pornocracia (880 a 1046)
Hubo un tiempo en el que todo lo que rodeaba a los papas estaba envuelto en guerras, traiciones, muertes y ambiciones. Una época en la que los papados eran relativamente cortos y difícilmente se podía encontrar a algún pontífice que superase los dos o tres años en el cargo.

Incluso un ermitaño llegó a ser nombrado papa (Celestino V) y, tras un cortísimo tiempo calzando las ‘sandalias del pescador’ decidió renunciar al cargo y volver a vivir en la cueva de donde había salido, para finalmente ser traicionado y asesinado por su sucesor.

Leer más...Odio, traiciones, venganzas y mucho sexo desmedido ha rodeado durante siglos todo lo que estaba relacionado con los pontífices y todos los oscuros personajes que los acompañaban.

Un periodo que fue bautizado como ‘saeculum obscurum’ (edad oscura) y en el que en poco más de 150 años (del 880 al 1046) desfilaron por el ‘trono de San Pedro’ un total de 48 papas.
Sobre todo el periodo correspondiente a los siglos IX y X, rebautizado años más tarde como ‘pornocracia’, fue uno de los más oscuros y en el que más se desmadró todo lo relacionado con la curia romana y la prostitución.

Unos años en los que los papas no eran escogidos en un cónclave, como siglos después se instauró, sino que se compraba y vendía ese puesto al antojo de dos cortesanas que fueron las que manejaron todos los asuntos de cama y salón.
La senadora Teodora fue amante, madre, abuela y mentora de un buen número de papas, lo mismo que su hija Marozia, quienes entre las dos hicieron y deshicieron en los entresijos del Vaticano, existiendo algunas crónicas que describen la época y el lugar como el ‘Reinado de las prostitutas’.

El obispo Liutprando de Cremona dejó una descripción muy gráfica de lo que aconteció durante aquellos años de pornocracia, relatando con todo lujo de detalles cómo eran las fiestas (y orgías) que se organizaban en el Vaticano, a las que asistían desvergonzadas prostitutas que bailaban y deleitaban a los presentes, para finalmente yacer con todos ellos.
También explica como todos los obispos de la ciudad de Roma estaban casados y sus esposas se confeccionaban sus ropas con las sedas de las vestiduras sagradas.
De Teodora cuenta cómo sedujo a un joven sacerdote, del que se encapricho locamente, mandó nombrar Arzobispo de Roma y tras un corto periodo en el cargo nombrarlo papa bajo el nombre de Juan X.
El poder de Marozia, según las crónicas, fue aún mayor que el de su madre. Algunas fuentes se atreven a afirmar que ésta no era hija del cónsul y senador romano Teofilacto I, casado con Teodora, sino que nació de la relación extraconyugal con Juan X.
Por el lecho de la joven Mazoria también pasaron algunos papas o candidatos al puesto, siendo uno de los más destacados Sergio III, con el que tuvo un hijo que fue también nombrado papa con el nombre de Juan XI (el séptimo del periodo de la pornocracia).

La leyenda de la Papisa Juana
Todos estos personajes estuvieron envueltos en escándalos sexuales, asesinatos y todo tipo de conjuras según les iba conviniendo y al son de lo que dictaban las dos cortesanas que realmente gobernaban en el Vaticano: Teodora y Marozia.

Cabe destacar que muchas son las fuentes que indican que la leyenda de la Papisa Juana se creó a raíz de estos pérfidos y ambiciosos personajes quienes influyeron en la elección, sustitución y muerte de un gran número de pontífices.

Existió un tipo de asiento papal conocido como 'sedia stercoraria', el cual dispone de un agujero en el centro del mismo. Según numerosos escritos éste se utilizaba una vez elegido nuevo Papa tras el cónclave y su función era para determinar, mediante el palpado testicular por parte de un joven diácono, si el recién escogido nuevo pontífice era varón.
Una vez comprobada la masculinidad del Papa, el encargado de realizar dicha tarea debía decir "testiculos habet" (tiene testículos) o "habet duos testiculos et bene pendentes" (tiene dos testículos y cuelgan bien). Dicho esto comenzaba toda la liturgia de coronación del nuevo Sumo Pontífice.
Mucha es la literatura, documentación e ilustraciones que existe sobre este extraño proceder para verificar si el recién escogido Papa disponía de atributos masculinos, aunque la Iglesia Católica nunca ha confirmado oficialmente que se realizase tal ritual.

¿Por que se hacia esto? Versiones apuntan a la leyenda o no leyenda de la Papisa Juana.
Todo parece indicar, según numerosas leyendas, que en el siglo IX se produjo el caso de que una mujer de origen inglés (algunas fuentes indican que era germana) consiguió hacerse pasar por hombre y llegar a ser nombrada Papa de Roma y con los años ser conocida como la Papisa Juana.

No existe documentación oficial que pueda verificar que la historia llegase a ocurrir realmente y, evidentemente, la Iglesia lo niega. Según esta leyenda, durante el transcurso de una procesión del Corpus Christi cuyo recorrido iba desde la Plaza de San Pedro hasta San Juan de Letrán. En un momento del recorrido el Papa se llevó las manos a su abdomen y comenzó a retorcerse de dolor, cayendo al suelo y apareciendo de su entrepierna un recién nacido. Ante el asombro de todos los presentes comenzó a producirse una algarabía que acabo con un grupo de ciudadanos gritando por la ofensa a Dios cometida por la mujer Papa, acabando con su vida y la del bebé a base de golpearles con palos y lanzamientos de piedras.

Aunque hay numerosos escritos sobre esto, ninguno precisa fechas concretas, habiendo bailes de fechas que lo sitúan dos décadas arriba o abajo (entre el 855 y 872). Tampoco podemos encontrar su nombre Papal, aunque con Juan VII está la hipótesis de que la historia se inventase para desprestigiarle, debido a su actitud benevolente con otras iglesias, sobre todo la proveniente de Oriente. Esto provocó que fuese tachado de poco varonil y podría acabar desembocando en que se le llamase en algún momento Papisa Juana en lugar de Papa Juan.