sábado, 21 de diciembre de 2013

Nuevas formas apocalipticas XII


El Ángel de la Guarda, o Ángel Custodio, es (según la teología clásica) el ángel que se le asigna a cada alma para que la acompañe a través de su vida y después de la muerte. Esa presencia amorosa cuyo trabajo es cuidar y guiar a los seres humanos en su recorrido por la vida, permanecer junto al alma de la persona en todo momento.

El concepto del Ángel de la Guarda ha existido desde mucho antes de que se le llamara así. En la Grecia antigua ya existía un concepto similar.
Se piensa que los babilonios y asirios también creían en la existencia de ángeles guardianes ya que a la entrada de ciertos monumentos se pueden observar figuras muy similares a las representaciones de ángeles de hoy en día. Nabopolassar, padre de Nabucodonosor II, expresó que Marduk mandó un ser de gracia para acompañarlo y que por eso todo lo que hacía le salía bien.
Desde principios del cristianismo, los teólogos cristianos también se han expresado acerca de los ángeles guardianes. Orígenes decía que "los cristianos creemos que a cada uno nos designa Dios un ángel para que nos guíe y proteja". Santo Tomás de Aquino en su Summa Teológica dice que solo los ángeles de las órdenes más bajas vienen a ayudar a los seres humanos. Otros teólogos, como Scotus y Durandus, creían que cualquier tipo de ángel podía ser mandado a obedecer las órdenes divinas y que toda alma llega al mundo con un ángel guardián.
En el año 800 ya se celebraba en Inglaterra una fiesta a los Ángeles de la Guarda. En el año 1608 el Papa extendió a toda la Iglesia Universal la Fiesta de los Santos Angeles Custodios. Esa fiesta se celebra el día 2 de octubre.

Supuestamente, los ángeles guardianes pueden actuar a través de los sentidos de las personas y a través de la imaginación. Algo que supuestamente no pueden hacer los ángeles custodios es actuar en contra de la voluntad humana. Cuando después de la muerte acompañan al ser humano, solo pueden ofrecer su compañía, pero no ayudar al ser a obtener la salvación.

Como de costumbre, hay bastante verdad en estos mitos.

Leer más...En los tiempos de la Guerra Silenciosa, tras La Caída, la violencia no había entrado en la Creación (el Pecado de Caín todavía no había sucedido). Las luchas entre el Sebettu y los Caídos eran entonces danzas coreografiadas, duelos argumentales y enfrentamientos musicales.  pero esa Edad llegó a su fín. Las legiones que Lucifer había creado se volvieron ejércitos, y los enfrentamientos contra el Sebettu batallas. 

Antes de que esto sucediese, la Legión Carmesí de Belial, había seguido respetando lo acordado tras revelarse a Adán y Eva en el Edén, se habían mantenido fieles a su palabra, y había cuidado invisibles de la humanidad en todo momento. Otros Caídos también lo hicieron, pero este comportamiento fue típico de la Legión Carmesí. Tras el pecado de Caín, el modelo de guerra cambió, pero la Legión Carmesí continuó guiándose por los principios originales de la Revolución, y algunos de entre ellos, Neberu que se habían alistado en la Legión Carmesí continuarían durante mucho tiempo actuando así, velando invisibles por los humanos, y crearon las leyendas que hoy todavía se escuchan sobre los ángeles custodios, ángeles de la guarda que acompañan a cada hijo de Adán.

Yo soy tu ángel guardián,
El que cuida tus sueños cada noche,
Yo estoy con la luna que alumbra tu ventana,
Cada noche te acompaño en tu cuarto.
Yo soy el que hace que caiga una estrella fugaz,
Para que todos tus sueños se hagan realidad. 
Yo estoy con el sol para darte el primer rayo de luz,
Para que te despiertas con buen pie.
El que le dice al viento que acaricie tu piel,
Y que te roce con dulzura, ése soy yo;
el que cuida tu camino y vela tu destino, ése soy yo...



Se les llamó Merizhel. Estos Neberu eran expertos en el Saber de los Patrones, vigilaban a los humanos como asesores silenciosos e invisibles que escudriñaban el futuro, e intentaban guiarles en secreto hacia las mejores elecciones. Muchos dominaban también el Saber del Firmamento, y vigilaban y actuaban a través de sus rebaños, siempre sin que sus protegidos supiesen que estaban bajo la custodia de un Caído. Con el avance de las eras, la ley de no mostrarse fue cayendo en desuso, y cada Merizhel optó por trabajar de una manera.
Algunos se mostraban a sus protegidos abiertamente, otros nunca, unos tomaban a un humano como su favorito de entre todos los que cuidaban, y otros cruzaban las vidas de los humanos como nómadas dejando su obra.

Como fuere, los Merizhel han dejado en la humanidad el mito de los ángeles custodios, los ángeles de la guarda que todos, según el mito, tenemos invisibles a nuestro alrededor, y a los que en todo el mundo los niños rezan al acostarse.
Así como fueron en su momento soldados de la Legión Escarlata, actualmentecon su paso por el Infierno, su posición moral es diversas, pudiendo llevarles desde los Voraces a los Luciferinos (principalmente ambos), pasando por Fausticos. 


Merizhel (Saber de los Patrones)

La imagen arquetípica del ángel bíblico. Un individuo asexuado, andrógino, de aspecto radiante, puro, vestido con toga. Tienen una pequeñas alas de paloma gris o blanca en la espalda. Un brillo dorado de carisma semidivino les envuelve, pero los ojos de los Elohim pueden ver a través de él observándoles como puramente materiales.

Alas pequeñas
Intuición mejorada
Glamour ultraterreno
Ojos del destino

Corrompidos por el tormento, la imagen cambia a monstruos con alas correosas (murciélago o similar) con cuernos brotando de su frente, sus dedos convirtiendose en garras, y una larga y flexible cola. Además de estos cambios, su ropaje desaparece, el aspecto del ángel se vuelve monstruoso, pudiendo perder el cabello, cambiar el color de su piel... aunque seguirá siendo reconocible como el mismo sujeto.

Cola
Cuernos
Afirmar
Marcar el alma


1 comentario:

vanessa Dunstan saez dijo...

esa forma "apocaliptica" mas que para el saber de los patrones sirve mas para el saber de la humanidad no por nada es un guardián de la humanidad

me gustaría que hagas uno así para el saber del fundamento

(gracias por su tiempo) n.n