lunes, 8 de marzo de 2010

Reincidentes


LLamo "aprovechados de la moral", a los jugadores que, las virtudes, las ven como meros trámites.

Imaginemos un voraz de alto tormento, (por usar mi jerga, un entregado) que va matando con alevosía, y, debido a su (todavia) suficientemente bajo tormento, se ve obligado a chequear. Tira, y suele pasar, pero sigue actuando igual.

Leer más... El error está en que si actúa, tira virtud, pasa, y repite, vale, una vez, algo puntual. Pero si alguien hace el mal, tira, pasa, y no baja, pero lo sigue haciendo, y repite y repite, y repite, por mucho que esté pasando las tiradas de virtud, lo que está pasando es que estamos obviando la intepretación de la conciencia.

Lo mas sensato del mundo es que si eres un sádico, tu tormento subirá hasta el punto en que tu sadismo cotidiano ya no te haga tirar, y entonces podrás actuar así sin problemas. Si te mantienes en un tormento bajo, a base de tirar y pasar, es que no estas roleando la conciencia, no es lógico pasar, y seguir igual, repetir, volver a pasar, y seguir igual... repetir, volver a pasar, y seguir igual... la conciencia te volvería loco

Sería el caso de un enfermo mental que está obligado a hacer cosas, las cuales luego le destrozan moralmente, un drama humano, supongo que esta gente son los que acaban suicidándose, o algo asi, o les nace personalidad doble o algo.

Un pj que hace algo, tira, pasa, y repite, una igual no, dos, vamos, que se ve que repite, ¿no deberia ser privado de su derecho a tirar virtud directamente? Claramente se está aferrando a los dados de forma contraria a la interpretación, ese personaje no se corresponde con ese tormento, y por ello, debemos evitar que una tirada fortuita impida que tenga el tormento que más se le asemeja.

No es un castigo, es un ajuste, como los jugadores que libremente entienden que no tiene sentido que tiren virtud, p.ej por matar a alguien, cuando han declarado que su personaje va disfrutar con ello y paladearlo, sería absurdo tirar si ya están diciendo ellos el resultado, es lo mismo, adecuar el tormento del personaje a la realidad interpretada.

domingo, 7 de marzo de 2010

El ataque a Vejovis


Vejovis. Un arcángel de La Hueste.

Para quienes recuerdan la Edad de la Ira, el ataque contra Vejovis fué un famoso magnicidio. No sin lucha, el objetivo se logró, y Vejovis fué asesinado.
Según algunos, el crater de Arizona se causó cuando el cuerpo de Vejovis cayó al suelo. Según los Fausticos, y especialmente su lider, el Namaru Belphigor, (antiguo mandatario de la Legión Carmesí) esto es cierto. De hecho, Belphigor porta una terrible espada, que asegura está forjada con el cerebro de Vejovis.

Leer más... Belphigor habita el cuerpo de Paris Murdoe, un atlético paracaidista de la Guardia Costera que pasa en Arizona el tiempo que su trabajo le permite (Arizona no tiene mar) Es arrogante, un brillante estratega, y un gran negociador y adulador.

Las novelas nos dan una narración sobre el ataque a Vejovis


Mientras Sabriel dormía, comenzó a soñar.
Por el día, abrumada por las minucias mortales de la mente y los recuerdos de Christina Vadrudakis, las remembranzas de Sabriel de épocas antiguas estaban nubladas, desdibujadas, como en un sueño. Pero de noche, cuando el cerebro de Christina se sosegaba, el Elohim que albergaba dentro podía rememorar el pasado. Sólo recordaba fragmentos, pero el mundo había sido mucho mayor entonces, tan profundo y complejo que incluso los retazos nocturnos que acudían a ella parecían más vividos y reales que el mundo de centavos, comida rápida y clips en el que se movía cuando despertaba. Ese lugar mezquino era el mundo de Christina. En sueños, Sabriel recordaba el suyo.
Soñó que se encontraba de nuevo en las fértiles llanuras conocidas como el Mar de Grano, en presencia de la archiduquesa Azacachia. Pero Sabriel no estaba sola, ya que quinientos rebeldes se habían reunido para este ataque. Todos ellos eran voluntarios, a pesar de que muchos sabían que no iban a regresar.
--Compañeros de armas -dijo Azacachia-, hoy nos enfrentamos a una misión de gran peligro, pero también de gran gloria. Nuestras batallas hasta la fecha apenas han sido sino escaramuzas inconclusas, banales, poco más que arañazos superficiales. ¿Por qué? ¿Por qué somos incapaces de asestar un golpe decisivo contra las fuerzas de la ignorancia y la represión? Porque nos mostramos reacios a buscar ayuda en la humanidad, aunque pueden probar que tienen tal poder que incluso un serafín lo temería. Ahora nos preparamos para embarcarnos en esta gran empresa. ¡Ahora veremos cuan grande puede ser el poder del Hombre, cuando arrojemos la fuerza de sus hijos contra los siervos de Dios!
Los soldados rompieron en vítores, levantando las espadas y guadañas, batiendo palmas y alas. Con sus garras y plumas refulgiendo con negros destellos de mica. Azacachia pidió silencio con un gesto.
--Nos hemos preparado para esto. Hemos planeado las tareas. Sé que puedo contar con que todos y cada uno de vosotros os comportaréis con honor. Incluso si perdemos, una derrota valiente será más gloriosa que cualquier obediencia ciega a una autoridad tiránica. Pero con coraje y fuerza y la fe de nuestros seguidores... ¡No perderemos!
Al frente de la unidad de Sabriel estaba Hasmed el Defensor, ataviado con alas de humo, con la maza y el venablo aprestados para el inminente conflicto. Con el rango de comandante, Hasmed era su oficial directo en esta misión, aunque ella solía servir bajo las órdenes de otro, un Señor de la Casa de las Olas. La unidad que comandaba Hasmed era de combate: voladores veloces y guerreros vigorosos empleados en asaltos relámpago. Sabriel no era una luchadora. Su cometido era completamente diferente.
La misión consistía sólo en intentar aniquilar al propio Vejovis, un serafín del Ejército Celestial. Uno de los ángeles más poderosos, Vejovis había contado en sus ejércitos con la lealtad de Hasmed, junto con la de miríadas de ángeles del firmamento. Pero ahora, sus antiguos subordinados se alzaban en armas contra él y guerreaban contra el Ejercito Celestial, el Coro y El que está por Encima de todos.
Sabriel sólo esperaba que la nueva arma que tenían fuese tan efectiva como creía Azacachia.
--¿Eres tú uno de los guías de plegarias? -Al girarse para descubrir quién hablaba, Sabriel vio una figura de luz radiante, que centelleaba con la gloria que sólo pertenecía a la Casa del Amanecer (y a aquellos expulsados de allí).
--Sí -dijo-, mi nombre es Sabriel.
--Yo soy Gaviel. ¿Es esta tu primera acción en una batalla?
--Realmente yo no voy a luchar.
--Con Vejovis, nunca se sabe. Quizás no luches, pero él ve a lo lejos y golpea con fuerza. Mantén tus sentidos alerta.
--Mi peligro no es nada comparado con el que arrostráis los que voláis al ataque.
Gaviel se encogió de hombros.
--Sólo espero que puedas debilitarlo lo suficiente.
--Si puede hacerse, lo haré.
--Excelente. -Se volvió y tocó el hombro de otro de los caídos-. ¿Avitu? ¿Conoces a Sabriel?
--Un poco. -Como Hasmed, Avitu era un ángel del viento, la vida y la protección.
--El cometido de Avitu es protegerte a ti y a los otros guías de plegarias -le explicó Gaviel-. Ella cuidará de ti.
--Lo sé -dijo Sabriel, agradecida por sus palabras alentadoras-. Ya me lo han explicado antes. -Avitu sonrió y Sabriel respondió con otra sonrisa.
--La he visto guerrear -dijo Gaviel-, estás en buenas manos.
En ese momento, Azacachia hizo sonar su olifante y las tropas que tenía ante sí se elevaron en el aire como uno solo. Hasmed, Gaviel y los otros atacantes se dividieron en batallones, unos sobrevolando las copas de los árboles, otros volando en la distancia a gran altura, como bandadas de aves. Asintiendo con la cabeza, Avitu se colocó a media distancia, con Rabbadün el Vidente del Tiempo a su lado.
Sabriel volaba bajo hacia la ribera de un río. En la otra orilla se encontraban filas y filas de mortales, agrupándose ansiosamente, observando al Elohim preparado para la batalla.
Con un gesto, Sabriel invocó al agua, haciendo que se arremolinara y se levantase en forma de un gran surtidor de aguas trenzadas. Con un gruñido de las profundidades de su garganta, la transformó en hielo y se posó en la espiral helada.
--¡Bienamados! -clamó a la multitud que tenía debajo-. ¡Ahora es vuestro momento! Así como nosotros os hemos concedido mercedes, así ahora os las imploramos a vosotros. Nosotros que desafiamos al Creador de Todo en vuestro nombre os pedimos que nos protejáis de sus siervos vengativos. ¡Sólo vuestra fe puede hacernos fuertes! ¡Sólo vuestra confianza puede tornar débil al gran Vejovis!
Mientras los guiaba, los mortales rompieron a cantar.

"Gran Azacachia,
Señora de las profundidades de la tierra.
Mientras alabemos tu gran sabiduría,
Grandes bendiciones cosecharemos.

Vodantu, que lee las estrellas.
Señor de las esferas renegridas,
muéstranos qué depara el futuro,
en respuesta a nuestras esperanzas y miedos".

Contemplando a aquellos hombres y mujeres, Sabriel los vio temblar como uno solo y oyó cómo vacilaban sus voces a medida que la oscuridad caía sobre la tierra. Se giró levemente, echando un vistazo por encima de su hombro, pero no pudo apartar la vista de la visión que contemplaba.
Vejovis, Rey de la Tempestad, había llegado.
Se cernía sobre la llanura como una montaña en el cielo. Las oscuras nubes de sus alas se extendían por todo el horizonte, de uno a otro confín, y en sus carbonosas simas fulguraban llameantes hileras de relámpagos. Sus ojos, del color gris de las tormentas, contemplaban todo con juicio implacable y en su mano sostenía un látigo grande como una colina.
--¡Cantad! -gritó Sabriel-. ¡Os necesitan! ¡Sólo vosotros podéis salvarlos! -Pero ante la descomunal masa de uno de los más invencibles siervos de Dios, las palabras se perdieron en sus gargantas.
Azacachia, que había alcanzado el tamaño de un acantilado, se elevó y aulló mientras se precipitaba en veloz carrera. El látigo de Vejovis serpenteó por el cielo y su chasquido produjo truenos. El choque agostó la hierba de las llanuras, arrancó las hojas de los árboles, sacudió las plumas de todos los ángeles rebeldes alzados contra él. Pero Azacachia no fue vencida. Retrocedió y cayó durante un angustioso momento, pero luego se recobró, batiendo sus enormes alas de piedra negra y dirigiéndose de nuevo hacia su enemigo.
Cuando advirtieron que Azacachia había resistido el golpe, los otros atacantes se abalanzaron como un enjambre de abejas. Embistieron con fuego y relámpagos y con el poder de la muerte.
Sabriel giró los ojos hacia los mortales y cantó con ellos. Siendo como eran tan sólo humanos, sus voces carecían de su perfección, pero la de ella podía guiar los dispares tonos, con virtiendo sus desacordes y notas erradas en parte de una armonía mayor.

"Alabamos al poderoso Gaviel,
Gloria del sol de verano,
nos concediste la confianza y la luz,
te adoramos, oh, tú, el radiante"

El látigo de trueno chasqueó de nuevo y, esta vez, golpeó a otro de los guías de plegarias. Avitu y Rabbadün se interpusieron para bloquear el ataque pero sólo consiguieron disminuir su fuerza. El trueno del impacto agrietó la torre de Sabriel y, cuando el látigo colisionó, su víctima cayó. Su torre de hielo se deshizo en agua al instante, derramándose por doquier. Con un gesto de la mano y el ala, Sabriel logró que la ola se desviara y de este modo no se precipitara sobre los mortales.
--¡Aquí! -cantó-. ¡Conmigo! -El agua estaba en calma y desaparecía en la tierra en torno a los hombres, convirtiendo el suelo firme en un pantano cenagoso, pero ellos nadaron con arrojo y empeño y la siguieron (algunos de ellos seguían cantando mientras lo hacían).
--¡BLASFEMOS! -gritó Vejovis. Su tono no era de ira, sino más bien de sorpresa, horror y lástima infinita. Atreviéndose a volver la vista hacia la batalla, Sabriel se asombró al ver sangre en el rostro del serafín, que caía como lágrimas o lluvia sobre la tierra. Su látigo y sus rayos habían acabado con docenas de rebeldes, pero era patente que ellos, a su vez, también lo estaban hiriendo.

"Sabriel del Mar Oriental,
Bendícenos a todos nosotros con dulce amor.
Bajo tu amparo estaremos
a salvo de la ira celeste".

A medida que le dirigían esta plegaria, Sabriel sintió una oleada de fuerza. Era una sensación de mareo, sobrecogedora y escalofriante: no había nada parecido. Con sólo pestañear un ojo, pudo subyugar la crecida, depositando a los esforzados nadadores en la orilla con sumo cuidado. Su canción resonó de nuevo, uniendo a sus seguidores aún más, hasta que ya no fue un coro de asustadizos y esperanzados mortales sino algo más. Con ella, se convirtieron en un pozo viviente de fe, y ella bebió con ansia de su deliciosa esencia, sin saciarse nunca. Sentía como si estuviera hinchándose, expandiéndose por los campos y hacia el cielo, creciendo hasta que la batalla no era sino una parte de ella misma. Vejovis no era sino una mota en el ojo.
Se puso en guardia cuando Rabbadün le dijo a Avitu:
--¡Sabriel es el siguiente objetivo!
El rayo de fuego divino sólo tardó un instante en cruzar la distancia entre Vejovis y ella, pero Avitu era aún más rápida. Saltando para salvaguardar a su protegida, la que fue una vez Ángel Defensor detuvo lo peor del golpe. La energía restante que golpeó a Sabriel era aún siete veces más ardiente que la superficie del sol, capaz incluso de matarla a ella y a una docena como ella... Pero Sabriel tenía el pozo mortal de fe como protección. Extrayendo poder de esa fuente, reconstruyó su cuerpo una y otra vez cuando el fuego la consumía, hasta que la rabia del gran ángel cesó. Ella resistió.
Avitu se derrumbó sobre el suelo como una piedra.
--¡Avitu! -clamó Sabriel, y su grito era una canción-. ¡Cantad por él, mis hombres! ¡Cantad por vuestro protector!
--¡Avitu! ¡Avitu! ¡Avitu! -Habían olvidado los versos. Sabriel les estaba desorientando, pero su pasión y fidelidad seguían intactas.
--¡Avitu! ¡Avitu! ¡Avitu!

Sprintar


En esta entrada vamos a hablar de deporte. Por que hay algo que está mal en las reglas de movimiento del mdt, y es el sprint.

Leer más... ¿Por qué está mal?

Un pj que sprinta cubre en un turno 20 + [3xDES] metros.
De esta forma, un pj con Destreza 3, en un turno a sprint cubre 29 metros.
En 3 turnos, cubriría 87 metros.
Si en lugar de destreza 3, tuviese 4, en 3 turnos cubriría 96 metros. Si tuviese destreza 5, en 3 turnos, cubriría 105 metros.

El actual, y nuevo, record mundial para los 100 metros lisos (que es lo que estamos calculando, a fin de cuentas) es de 9.58 segundos, nos permitiremos redondear a 9 segundos.

Es una marca olímpica, por el momento, el máximo al que la humanidad puede aspirar, lo que pocos en la historia conseguirán, incluso cuando este record sea batido. Es la marca de un campeón, de un cuerpo, una técnica, y una vida, consagrada a lograr ese tiempo, es una persona moviendose de media a poco más de 10 m/s (36 km/h aprox) y que en los 200 metros, vienen a mantener esa media mas o menos (plantándose en los correspondientes 19). Además, esta marca se consigue en pista, con calzado adecuado, ropa correcta...

No procede que un pandillero con chupa de cuero y deportivas, con Destreza 4, corriendo por la calle, o girando, o incluso cuesta arriba, se mueva en 9 segundos 96 metros. Y esto mismo, si se mira, sucederá con los saltos, lanzamientos, y otras disciplinas muy medibles que se pueden comparar.

Entiendo que Destreza 4 es un tipo atletico, no es lo normal.

Pero también entiendo que por tener Destreza 5 y atletismo 5 no puedes batir a un atleta olimpico, y al final, la acumulación de todas estas cosas demuestra que el sprint está mal diseñado;

- La formula de velocidad arroja resultados demasiado potentes en cuanto llegas a destreza 4
- No se considera para nada la puntuacion de atletismo (cuando deberia ser la clave)
- Los sprint no tienen reglas de cansancio ¿Puedo sprintar 10 minutos seguidos?

¿Podría ser exacto?

Entiendo que un jdr no puede precisar a la puntilla, y que si cortas una regla y la limitas, luego en el extremo inferior tampoco es real por extrema lentitud (p.ej, si cambias la formula a 10+ [3xDES] un pj de Destreza 2 haría 160 metros en 30 segs, algo mas de 5 km/h, un paso ligero, y entonces nos quejaríamos por el otro extremo, que los pobladores del MdT son tortugas.

Todo lo que he dicho, parecería incuestionable, pero hay un contrargumento, y es que, ¿por que asumo que un turno son 3 segs? Por eso redondeo el record mundial a 9 segs, para hacer 3 turnos limpios. Dicen los básicos que un turno de combate es de 3 segs, pero los turnos no de combate dicen también los básicos que son de 3 segs a 3 minutos. (Leed la definición de turno, y luego leed la seccion de combate, donde dice que en combate solo existen turnos de 3 segs)

Eso es, tú te has inventado lo de los 3 segundos


Realmente, se podría argumentar que el atletismo no es combate, y que por tanto, podemos entender el turno p.ej como de 4 segs, cambiando la media, pero esto es un error.

Primero, siempre hay que analizar el tiempo/los turnos en su unidad más mínima (los 3 segs) ya que mientras alguien sprinta, siempre alguien puede estar envuelto en combate, (quizás corra para llegar a salvarle) y entonces se deben standarizar medidas y tiempos.

A partir de la unidad de medida menor, construiremos la que sea necesaria acumulando la unidad menor.

Segundo, es errado relativizar el tiempo de un turno, ya que el índice de movimiento es una formula constante, y por tanto, al contraer o estirar el tiempo, la gente se va a volver mas o menos rápida. 29 metros en 3 segs, o en 5 segs, o en 15 segs.

Tener dos tipos de turno de diferente duración ya es un error de diseño, que debe solventarse aceptando únicamente turno, como medida de 3 segs. Así, asumo que un turno es de 3 segs, y hago estos cálculos.

¿Y como lo arreglamos?

 
Solo hay una forma; replantear la formula de movimiento al turno, para que cuadre con cifras reales.Esto que se dice tan facil, cuadrar con cifras reales, me ha tenido bastante tiempo mirando cifras y haciendo números, ha dado pie a una interesante conversación en el foro. Finalmente, he optado por esta fórmula (resultado en metros/turno)

15 + [Destreza] + [2(Atletismo)] m/t
Esta velocidad solo puede ser mantenida durante [Resistencia] turnos, antes de empezar a cansarse. Cuando alguien empieza cansarse, debe chequear Resistencia + Atletismo cada turno, hasta fallar. Alguien ya cansado, solo puede desarrollar velocidad de trote.

Esto causa que, aunque la velocidad normal (7m/t), pueda mantenerse, la de trote deba cambiarse por coherencia, y en lugar de (12+Destreza) m/t, deberemos usar (12+Atletismo) m/t.

La base para justificar esta formula, tras mucho pensarlo y alimentarme de varias ideas, es partir de que el actual record mundial es de unos 33 m/t, luego, he considerado que la velocidad máxima a la que por reglas alguien pueda moverse, sea de 30 m/t. Intentando siempre que a valores bajos la velocidad no sea absurdamente ridícula, un 50% de esa velocidad la he dado de base (15 metros) siendo el resto definida por tus capacidades (dando peso al Atletismo)

¿Y las demás disciplinas atléticas?

Hay otras disciplinas del atletismo cuyas reglas causan resultados también irreales, pero esta entrada solo pretende cubrir el caso del sprint, y explicar como debe funcionar la cabeza de un narrador cuando aborde estos temas. Otros casos similares no se van a tratar aquí.

Usiel


Usiel es un caso único. Es un ángel de la Séptima Casa,un Ángel leal a Dios, que, por sus actos desmedidos y radicales, fué condenado junto a los demonios al infierno. Es castigado no por su Rebelión (pues nunca se rebeló), si no por ser un radical, por cumplir sus órdenes a cualquier precio. Ahora habita el cuerpo de Clive Keene, un hombre negro delgado y bastante bajo, calvo como un huevo.

Leer más... De estas atrocidades en nombre de Dios, solo se ha citado la batalla de las Montañas de la Mañana. En esta batalla, retirándose los Elohim rebeldes, dejaron a sus adoradores humanos en la primera línea, con órdenes de impedir el avance del Cielo, y la esperanza de que el tiempo que perdiesen gracias a esta barrera humana, les permitiese escapar.

Advirtiendo esto, Usiel cargó contra los humanos, atravesando sus filas con todo su poder, sembrando muerte con e único objetivo de superar esa barrera y llegar ante el verdadero enemigo.

El debate moral sobre aniquilar unas tropas que estaban siendo manipuladas, sacrificadas, usadas cual peones, poniendo el objetivo por encima de todo, parece ser válido entre La Hueste ya que Usiel acabó por pagar por esto. No queda claro si esta fue su atrocidad, o si fueron un cúmulo de ellas (no narradas) las que lo condenaron. Personalmente pienso que fueron varias.

En cualquier caso, al terminar la guerra, y aunque desde un primer momento (ver pags 26 a 29 del básico) fue contrario a la rebelión, Usiel fue condenado al pozo junto a los demonios, donde es de asumir que se cobrasen con él viejos rencores. No está escrito como escapó del pozo, cabria suponer que en el momento en que los demonios pudieron escapar.

Sus andanzas pueden leerse en las novelas, en las que se alía, tras el terremoto de LA, con Lucifer (reticentemente), a cambio de que Lucifer le señale objetivos mas relevantes para sus purgas, pues Usiel, sigue exterminando demonios, entendiendo que es lo adecuado. Aunque en un primer momento desconfía del Lucero, y solo acepta por la posibilidad de dañar más a los demonios, finalmente acaba sucumbiendo al canibalismo de demonios.

Naturalmente Usiel justifica este canibalismo como una forma de ganar poder a expensas de sus enemigos, pero finalmente, se demuestra que el segador deseaba poder, adoración, cuando se instala en las tierras altas entre Irak e Iran, adorado por unos nativos kurdos que le toman por su Dios, y le hacen sacrificios humanos.

Podemos decir desde este punto de vista, que Usiel representa una Caída particular; la del fanatico de una causa, en la que se convierte en aquello que quería combatir... negando haber cambiado. ¿Justifica el fin los medios? Usiel diría que sí.

Al fín... Matanza Cofrade


Después de años intentando encontrar este famoso fichero, ha caído en mis manos. Finalmente ha sido una amiga la que me lo ha agenciado.

A modo de reivindicación (como otros ya hicieron mejor, antes que yo) aquí teneis el tan comentado hace años... Matanza Cofrade

Aprovecho para recordar, que aunque el primer Juzgado de lo Penal de Sevilla (¿Haciendo alarde de parcialismo cultural?) declaró culpable al programador, luego la Audiencia Provincial le absolvió

El fín de Hasmed


Me gustan estas muertes, estas actitudes. Por mucho que me guste ilustrar un mundo de maldad, supongo que al final lo que me gusta es que de vez en cuando pueda brillar una luz, que, en medio de la noche, parecerá mas brillante.

Me gustaría tener jugadores como Hasmed en mi mesa.
Nunca he tenido uno en Demonio.

Leer más... Hasmed estaba ayudando a Tina a hacer la última hoja de sus deberes cuando sintió una presencia. Trató de sacarla de la casa pero la presencia llegó hasta él demasiado rápido.
No se molestaron en llamar a la puerta. Un segundo antes, en la habitación solo estaban Hasmed y Tina, disponiéndose a huir, y, un segundo después, la sala se había llenado de gente.
Sal Macellaio lo miró detenidamente. Había perdido peso. Parecía que había perdido algo más, pero no podía determinar qué.
La Piedra de la Desesperación también estaba allí.
En medio de los dos, se materializó el príncipe demonio Vodantu.
Tina gritó y ocultó su cara de algo que era todo ojos y alas de metal pulido. Su voz hacía temblar las ventanas.
--HASMED -DIJO-, MI SIRVIENTE ERRABUNDO.
--Tina, corre. -Hasmed rompió la ventana de un codazo y trató de levantar a su hija pero ella luchaba y se resistía. Estaba histérica y él sabía que, de todos modos, nunca podría escapar de la Piedra. No si quería atraparla.
--QUE NADIE DIGA QUE NO SOY PACIENTE Y COMPASIVO. TE VOY CONCEDER UNA OPORTUNIDAD MÁS. UNA OPORTUNIDAD MÁS DE RETORNAR A MI REGAZO, SOLO TIENES MATAR A LA NIÑA Y ME SERVIRÁS UNA VEZ MÁS, AUNQUE BAJO LA SUPERVISIÓN DE SALVATORE.
--No lo haré.
Hasmed no guardaba pistolas en casa pero sabía que, de todos modos, poco podían hacer contra Vodantu. Optó por probar con el viento, con una galerna de peste y corrupción. Eso hizo que Paum cayera presa de convulsiones pero esperaba que pudiera llegar a herir a Vodantu o, al menos, detenerlo.
Pero no.
Vodantu habló de nuevo y esta vez no eran meras palabras; era el emplazamiento del espíritu de Hasmed en el universo.
--CON TU NOMBRE TE SUBYUGO. DEPÓN TU INSOLENTE RESISTENCIA.
Hasmed no pudo hacer otra cosa que obedecerlo. Tina se había acurrucado, cogiéndose los pies entre sollozos.
Hasmed miró a Sal fijamente.
--Debes de estar muy orgulloso -dijo.
--MATA A LA NIÑA.
Una gota de sangre brotó de la cicatriz de la frente de Hasmed.
--No -dijo de nuevo.
--EXTRAORDINARIO. TUS AFECTOS IMPROPIOS HAN LLEGADO A DESFIGURAR TU NOMBRE VERDADERO. PERO, ¿POR QUÉ ME DESAFÍAS? CONOCES CUÁL ES SU SUERTE. SABES QUE ALGÚN DÍA MORIRÁ. ¿POR QUÉ ENFRENTARSE A LO INEVITABLE?
Hasmed alzó la mirada y una pequeña sonrisa torció sus labios.
--No puedo creer que vaya a morir protegiendo a un humano. Pero así es.
--QUÉ NOBLE. MAS, QUÉ FÚTIL. ¿QUIERES QUE ESAS SEAN TUS ÚLTIMAS PALABRAS?
--¿Qué te parecen estas? -Echó atrás los hombros y desplegó las alas. Y esta vez la luz que despedía su rostro era pura e inmaculada-. TAL VEZ LA VIDA HUMANA TENGA VALOR. TAL VEZ MEREZCA LA PENA LUCHAR POR ELLA. HASTA EL ÚLTIMO SEGUNDO.

Usiel y Lucifer


Lo que sigue son unos estractos de las novelas, en las que se muestra la relación que Usiel mantiene con Lucifer, como evoluciona esta, desde una primera sensación de repulsa ante el Primer Rebelde, hasta acabar Usiel tentado por el canibalismo de otros Elohim.

Leer más... Se suponía que el bar "TGI Friday" del aeropuerto Pearson de Toronto debía de ser alegre. Tenía una iluminación cálida pero la justa, sin llegar a molestar o deslumbrar. Las paredes estaban cubiertas con coloristas y cándidos recuerdos de tiempos mejores, ya perdidos en el pasado. Decoradores especializados habían diseñado hasta el último centímetro de su superficie para construir un lugar acogedor y animado. Los expertos habían cobrado importantes sumas por bautizar a las bebidas del bar con nombres ocurrentes. Incluso la selección musical de la máquina de discos constituía una poderosa llamada a la diversión.
Pero mientras Sal Macellaio escuchaba en Jersey la grabación de la muerte de su hijo, el bar estaba invadido por la melancolía.
Esto no tenía nada que ver con Sal, Scott, o Hasmed o Rabbadün. No, la melancolía tenía su epicentro en un hombre negro bajo y calvo, que estaba sentado en un rincón del bar tomando una bebida de nombre extravagante.
El hombre negro llevaba vaqueros, un polo y mocasines baratos. No parecía desentonar en el lugar, excepto por una horrible cicatriz en la palma de la manó. Pero la mantenía en su regazo, fuera de la vista. Sin embargo, mientras se inclinaba y bebía, parecía irradiar una intensa sensación de mortalidad y depresión. Se desprendía de él como el mal aliento. Infectaba al barman, que fruncía el ceño al reponer las rodajas de limón y las aceitunas con sabor a ajo. Una camarera que pasaba a su lado se acordó de pronto de un ex amante, un hombre que ahora era sólo un recuerdo, pero un recuerdo triste. Ella arrugó la frente y las chapas y la minifalda que debía llevar hicieron que, de repente, se sintiera frágil y humillada. Con los hombros caídos, preguntó a un reparador de máquinas fotocopiadoras y a su amiga (que era la administradora de los almacenes Foot Locker de la zona) si querían otra copa. Ellos decidieron, de improviso, pedir la cuenta para irse.
Desperdigados por todo el bar, los parroquianos perdieron interés por el partido de hockey que estaban retransmitiendo por televisión y comenzaron a hablar de pronto sobre sus penas y oportunidades perdidas o tenían riñas de poca monta que se olvidaban en cuanto salían al aparcamiento.
En pocas palabras, mientras el clima inicial era el de Buddy Holly cantando "Pequeña Sheila", había derivado de algún modo a Little Milton cantando "Lunes tormentoso".
Un hombre con centelleantes ojos verdes y tupido cabello pelirrojo entró en el bar y avanzó directamente hacia la fuente del malestar.
Aunque el pequeño aguafiestas negro estaba dando la espalda a la puerta, se estremeció con un escalofrío y se dio la vuelta, para observar al recién llegado. Cuando sus miradas se cruzaron, el barman dejó caer un vaso de whisky canadiense. El bolígrafo Bic de la camarera reventó y le manchó de tinta los dedos mientras se lo estaba ofreciendo al reparador de fotocopiadoras. Pero este tenía sus propios problemas ya que se había clavado en las encías la pequeña espada de plástico de cóctel mientras chupaba la aceituna de su "mahrtooni" (no era un martini; era una bebida exótica llamada "mahrtooni"). En cuanto a la administradora de Foot Locker, se estaba atragantando con un trozo de hueso que había aparecido inesperadamente en las tiras de pollo.
--¿Qué estás bebiendo? -preguntó el pelirrojo animadamente. El hombre negro le clavó la mirada.
--Creo que se llama "Jugosa Lucy" -dijo. Su voz era agria como salmuera picante.
--Ah, ¿no era esa la que bailaba al estilo Watusi mientras sólo llevaba puestas unas zapatillas azules de ante? -se giró al barman y dijo-. Otra "Jugosa Lucy" para mi amigo de aquí y... Mmmm, yo quiero un chupito de Absolut Peppar y una pinta de Forsters -miró al hombre calvo y preguntó-. ¿Compartimos una ración de tiras de búfalo?
--No estoy aquí para hacer amigos, extranjero.
--Yo tampoco -el hombre negro gruñó pero no dijo nada-. Por cierto, el anillo que llevas es muy interesante.
--¿Quieres verlo de cerca? -lo dijo con el tono de "¿quieres que meta tu cadáver desangrado en una trituradora de madera?"
--El último tipo que vi con un anillo igual se llamaba Max Hirniesen -movió la cabeza al tiempo que el barman les servía sus bebidas-. Gracias.
Los ojos del hombre negro se abrieron como platos.
--Así que tú eres ese.
El hombre de ojos verdes sonrió y posó modestamente las manos sobre su pecho.
--Culpable -entonó burlonamente. Luego parpadeó-. Me lo puedes agradecer pagando la siguiente ronda.
--¿Quién eres tú?
--Max pensó que era una mujer llamada Penélope, pero se equivocó. A ver si lo adivinas tú.
--Adivinar nombres es un juego peligroso para nuestra especie. Cada nombre erróneo llama la atención.
--Te daré pistas, entonces. ¿Quién pondría un arma de tal poder en las manos de alguien tan despreciado por sus congéneres, alguien que fue una vez de los Malhim, uno de los más temidos guerreros del Cielo, alguien que indudablemente dirigiría su poder contra los otros presos del Infierno?
--Habría dicho que eres un sirviente del Creador de Todas las cosas, pero sé que no eres nada parecido.
El pelirrojo adoptó un semblante serio por primera vez desde que entrara en el bar. Abrió la boca pero en vez de hablar bebió su trago de vodka.
--He estado siguiendo tus trifulcas con Vassago. Muy interesantes -el hombre negro contuvo el aliento. El pelirrojo agitó la mano negligentemente-. Tu diabólico adversario no me rastreará por esa simple elocución. Confía en mí.
--Antes confiaría en que una serpiente diese de comer a un gatito.
--Mmmm. Probablemente lo merezco -dijo el pelirrojo, bebiendo un sorbo de cerveza-. Pero eso no cambia algunos hechos esenciales. Te has ganado un enemigo poderoso, alguien a quien no estás preparado para combatir... todavía. Le has herido, pero está en guardia y un Neberu prevenido es un contrincante realmente peligroso -otro sorbo-. Especialmente uno que ha corrompido a un siervo del Cielo.
--¿Qué sabes de eso?
--La pregunta es, ¿qué sabes tú?
El hombre calvo agachó la cabeza, mientras pasaba los dedos de una mano por las marcas de cigarrillos de la mesa.
--Sé que el Creador de Todas las cosas no me ha perdonado.
--Ja. Dé todas las lecciones que podrías haber aprendido, esa es la peor. Lo que deberías haber aprendido es que los bandos no están tan claramente divididos como siempre has creído -se encogió de hombros-. Aunque supongo que alguien que ha pasado por la condenación en el Infierno pasaría por alto incluso las evidencias más obvias.
--¿Quién eres tú? -su tono y su volumen atrajo las miradas inquietas del barman y la camarera. Muchos de los otros clientes acabaron sus copas y encontraron motivos para irse apresuradamente.
--Yo, como tú, soy el enemigo de los moradores del Abismo. Soy el enemigo de los demonios que acechan como tumores sobre la dulce piel de la tierra. Puedo guiarte hasta esos grandes monstruos cuando sean más débiles y puedo enseñarte el mejor modo para arrebatarles su poder y usarlo contra sus inmundos congéneres -el hombre negro se levantó de la banqueta y se puso en pie, alerta-. Soy tu aliado y mecenas y soy el único de nuestra especie que te ayudará. Me han llamado El Más Glorioso y el Príncipe de Este Mundo y el Adversario. Me llaman el Lucero del Alba, el Portador de Luz y el Señor de las Mentiras.
--Lucifer.
El hombre de pelo encendido sonrió sin alegría ninguna. Y puso un dedo a lo largo de su nariz.
--Exacto, Usiel. Y tenemos mucho trabajo que hacer.

El infame Adversario, el primer ángel que se declaró enemigo del Todopoderoso y cuyo grito de guerra empujó a un tercio del Ejército a combatir, sufrir y, finalmente, caer a su lado. Lucifer, el Embustero, el Señor de las Moscas, estaba junto a Usiel, en el TGI-Friday, proponiendo compartir a medias una ración de hot wings e invitándole a luchar a su lado contra otros demonios que habían conseguido escapar de su prisión infernal.
Usiel respondió como lo haría cualquier ángel de bien (y muchos demonios). Se dio la vuelta, se bajó del taburete y le descargó un fuerte derechazo.
Solo lo hizo como distracción, mientras invocaba su guadaña, pero el Lucero del Alba esquivó el golpe y se abalanzó hacia delante, inmovilizando a Usiel con los brazos. Los dos chocaron con la barra y se precipitaron hacia el pasillo. Atravesaron la puerta que conducía a la pequeña cocina de pedidos sencillos y, de repente, aparecieron en otro lugar muy distinto.
Usiel reconoció el hechizo; para los demonios todas las puertas eran una sola y Lucifer había tenido eones para aprender el truco. Estaban en algún lugar soleado y caluroso y, aparentemente, sin vida.
--No seas estúpido -le previno el Adversario, pero Usiel no lo escuchaba, no quería atreverse a escuchar, no podía permitirse oír esa voz terriblemente autoritaria.
Así que el Segador de Almas tocó el anillo de su dedo y, de repente, este se convirtió en la herramienta de liberación de un Asesino, dotada del poder de cortar los lazos que unen a toda vida con la vida. Blandió la guadaña con ambas manos, una intacta y la otra seriamente dañada, y descargó la sombría hoja contra la cabeza de Lucifer.
El Adversario ni siquiera intentó esquivarla. Dio una palmada y la guadaña se transformó de nuevo en un anillo de metal grisáceo. Ni siquiera estaba en la mano de Usiel; voló por los aires y se posó en su palma abierta.
--Estás perdiendo el tiempo -dijo Lucifer, pero Usiel estaba sufriendo una metamorfosis, desprendiéndose de su carcasa mortal y revelando la espantosa apariencia de un Ángel de la Muerte.
Entonces Lucifer pronunció unas pocas frases en la lengua de los ángeles y Usiel se paró en seco. Conocía esos sonidos. Realmente, él era esos sonidos. Lucifer continuó y Usiel trató de abalanzarse sobre él, golpearlo salvajemente, silenciar al rey demonio antes de que completara el Nombre Verdadero de Usiel, pero ya era demasiado tarde. Lucifer lo nombró y Usiel quedó atrapado. El Nombre no era perfecto (su estancia en el Infierno y sus experiencias en la Tierra habían alterado ligeramente su naturaleza y esos cambios se reflejaban en su nombre), pero era más que suficiente. Conociendo el Nombre Verdadero de Usiel, el Adversario tenía el poder de aprisionar, destruir u ordenar a Usiel cualquier cosa que se le antojara.
Las siguientes palabras en la Antigua Canción casi parecían banales. Era un añadido menor y temporal al Nombre de Usiel y a su persona. El Adversario había desactivado el control muscular del ángel.
El Segador de Almas cayó a peso muerto sobre el suelo del desierto.
--Te pedí que te unieras a mí en mi lucha contra los demonios más poderosos -dijo Lucifer-. Te devolví este juguete sabiendo que lo utilizarías contra los que se evadieron del Pozo. -Arrojó el anillo sobre la arena, junto al rostro de Usiel-. Te di un consejo, un excelente consejo, sobre ir a ver a Glenda Fielding en Oswego. Ahora sabes que podría dominarte si quisiera o devorarte y añadir tu pequeña dosis de poder a mis reservas rebosantes. Pero no haré ninguna de las dos cosas.
Se volvió hacia la puerta por la que habían entrado. Usiel pudo ver entonces que era una especie de cobertizo abandonado, aparentemente la única construcción en kilómetros a la redonda.
Sintió que recuperaba progresivamente el control sobre sus músculos.
--¿Por qué? -preguntó con la lengua entumecida.
En el umbral de la puerta, el Adversario se detuvo y se dio la vuelta.
--Porque no quiero hacer de Dios -contestó. Entonces, desapareció.




El Segador de Almas caminaba por la acera con paso dudoso, lo cual era bastante atípico. Tenía el ceño fruncido, pero no era su expresión habitual de cólera justa y vindicativa. Era un semblante confuso, incierto e infeliz.
Gran parte de su confusión derivaba de un dilema existencial: si dejaba de perseguir a demonios y sus secuaces, ¿qué objetivo tendría?
Cuando estuvo con Sabriel, parecía que las cosas tenían sentido. La idea de que los caídos, como él, podían suplicar el perdón del Todopoderoso... era una idea seductora. Eso explicaba algunas cosas. Y sin embargo...
Dejó escapar un suspiro y dirigió la vista hacia la puerta de hierro y madera que tenía enfrente.
Al menos ahora tengo tiempo para esto, pensó mientras entraba en la sala de conciertos. Los Boston Pops estaban de gira y Sabriel le había conseguido unas entradas.
Sus sentidos inhumanos se pusieron alerta nada más atravesar la puerta, pero ya era demasiado tarde para detenerse. Se giró ligeramente a la derecha y la guadaña apareció en su mano. Se sentía irritado pero, de algún modo, aliviado. Esto, al menos, no parecía complicado...
Entonces las sílabas de su Nombre Verdadero resonaron en la oscuridad y en ese momento supo que sí sería complicado.
--¿Quién nombra a Usiel? -preguntó.
Una cerilla se encendió, revelando a un hombre rechoncho y velludo sentado a una mesa. El desconocido prendió una vela y, mientras los cansados ojos mortales de Usiel se habituaban, vio que era un bar minúsculo; largo y profundo pero apenas tendría más de tres metros de ancho. El hombre tenía una botella y dos vasos.
--¿Te gusta el ouzo? -preguntó-. Yo tomaré un poco.
--¿Quién eres tú?
--¿No me reconoces sin el pelo rojo, los ojos verdes y la arena del desierto?
Usiel suspiró.
--Lucifer. -Quería que sonara amargo y desafiante, pero parecía cansado.
--Acércate una silla.
Usiel cogió aire para rechazar el ofrecimiento pero entonces se preguntó de qué serviría. Se sentó.
--¿Dónde estamos?
--En Kalamáta. -Al ver que Usiel parecía no reaccionar. Lucifer añadió-. Está en Grecia.
Usiel pestañeó.
--¿Por qué me traes a Grecia?
--¿Y por qué no? El ouzo de aquí es realmente peleón. Ni siquiera tiene distribución internacional. Quizás sea un tonto, pero me gusta que siga siendo desconocido. -El Príncipe del Orgullo puso un vaso al otro lado de la mesa.
--No tengo sed -suspiró Usiel-. Creía que ya habías acabado conmigo.
--¿Eso dije?
--Dijiste que no querías jugar a Dios.
--Y no lo haré. Pero jugaré a ser el abogado del diablo. -Se aclaró la garganta-. Como tal, te sugiero que vendas tu alma a cambio de la inmortalidad y una asombrosa habilidad para tocar la guitarra.
Usiel soltó una carcajada breve y sarcástica.
--¿Me has traído aquí para practicar tu rutina de tentaciones?
--No, no... Te he convocado para averiguar qué demonios crees que estás haciendo.
--No estoy seguro.
--No estás seguro. Yo tampoco. Supongo que la única que está segura es tu nueva amiga Sabriel.
--Querrás decir mi vieja amiga Sabriel -dijo con la esperanza de que ella lo escuchara y de que la invocación pudiera establecer una conexión. Pero no ocurrió nada.
¿Cómo hace eso Lucifer? Su desasosiego regresó multiplicado. Ambos bandos de la guerra habían asumido que las invocaciones eran algo privado e inviolable. Si el Lucero del Alba sabía suficiente como para bloquearlas... ¿Qué más podría hacer? ¿Fingirse un demonio diferente o incluso un ángel? ¿Escucharlas? ¿Cuáles eran los límites de su poder?
La voz de la Estrella de la Mañana rescató a Usiel de sus cavilaciones.
--Puede haber una continuidad de experiencia entre la Sabriel que conociste entonces y la que conoces ahora, pero eso no tiene relevancia. La delgada regata que creció en el bosque de Wisconsin hace un billón de años es, técnicamente hablando, el mismo río Mississippi que recorre San Luis y arroja los residuos tóxicos de cien ciudades al Golfo de Méjico. Eso no quiere decir que el agua sepa igual.
--¿De modo que me has traído aquí para decirme que ella ha cambiado? -Usiel sacudió la cabeza-. Nunca me glorié de ser el ángel más listo del Cielo, pero ya sabía eso. Ella ha cambiado. Yo he cambiado. Tú has cambiado. Creo que tienes algo más en mente.
--Me encantaría saber cómo te enredó para que no la mataras.
--¿Y por qué no nos espiaste sin más?
--Estaba distraído. Desde que hablamos la última vez, me han destruido dos veces.
Usiel se preguntó qué querría decir Lucifer exactamente con eso, pero no preguntó.
--¿Crees que Sabriel me está engañando? ¿Que me está manipulando?
--Me apuesto la lanza.
--Si supiera que ibas a cumplirla, aceptaría la apuesta. Si le hablara de ti, seguro que te acusaría de lo mismo.
--Interesante reflexión. -Lucifer se acarició la barbilla y levantó la cabeza mientras su lengua pronunciaba una vez más sílabas enoquianas.
Usiel sintió que algo en su interior se removía y alteraba, pero no podría decir de qué se trataba.
--¿Qué has hecho?
--Lo siento, pero he decidido que no quiero que cuentes chismes. Ahora no puedes hablar de mí. Puedes invocarme pero nada de ponerme verde.
Usiel hizo rechinar sus dientes.
--Recuerdo tu palabrería sobre la igualdad y la dignidad durante la guerra. Me alegra confirmar que todo era una puta mentira. Eres más tirano de lo que lo era el Supremo.
--No te atrevas a agraviar a quienes son mejores que tú. -Se inclinó hacia delante-. Dime una cosa. Ahora te he puteado un poco. He violado tu libre albedrío. Lo siento. Pero te haré un regalo para compensarte.
--¿Qué? ¿Una botella de tu puñetero ouzo?
--No, algo mucho mejor. Voy a vincular la frase "Segador de Almas" al nombre "Usiel". Ahora oirás lo que diga la gente cuando te mencionen por tu título, en vez de por tu nombre celestial.
--No quiero regalos tuyos.
--Tampoco querías la imposibilidad de mencionarme. Lo siento. Supongo que ya he trascendido mi etapa democrática.
Usiel tomó aire para seguir la discusión pero la cháchara de su cabeza se había duplicado. Estaba acostumbrado a ignorar las continuas invocaciones de poca importancia. Sencillamente, desconectaba las llamadas demoníacas insulsas. Pero ahora era consciente de susurros más sutiles, el murmullo de demonios, fantasmas y esclavos, extendidos por toda la Tierra, el Infierno y el limbo de los muertos. Todos hablando de él.
--...Segador de Almas en Washington y me sorprendió que John sobreviviera al encuentro. Si se te aparece...
--...Segador de Almas, ángel poderoso, Esclavizador de los Espíritus, ¡atiende nuestra plegaria! ¡Segador de Almas, ven a nosotros, bendícenos con tu poder!
--...Segador de Almas ha escapado del Pozo y se pasea por la Tierra, tomando...
--...Segador de Almas a mí. Está bajo control.




--Me mantuve puro y sobrio durante más de cuatrocientos años, ya me entiendes -dijo Lucifer-. Cuatrocientos veintinueve, para ser exactos. -Bebió un sorbo de té-. Dos meses más y habrían sido cuatrocientos treinta. Pero la necesitaba.
--La fe humana -dijo Usiel.
El Adversario asintió.
--No solo la humana. ¿Sabes que... antes de caer en la tentación, me acostumbré a no usarla? Durante cuatrocientos años, no ejercité mi poder, durante cuatrocientos años no me serví de mis conocimientos. Trataba a los hombres como uno más, empleando la argumentación razonada. Construía lo que necesitaba con mis propias manos o comerciaba con ello valiéndome únicamente de los afanes de mi mente. Soportaba las inclemencias del viento y la lluvia. Encendía fuegos con yescas o palos. Hay cierta pureza en ello, Usiel. Nunca olvidaba que era un Elohim, nunca pensaba que era uno de ellos, pero vivir sin poderes la única manera que encontré de aliviar la carga del mismo.
--Pero ahora...
Lucifer sonrió, con evidente malicia.
--Bueno, el poder también tiene su atractivo. Al igual que la fe pura, dejando aparte su uso como nutrimento. Imagino que habrás tenido tiempo para llegar a esa conclusión con la señora Fielding, ¿no?
Usiel desvió la mirada.
--Tú me pusiste en contacto con ella.
--¿Sabes? Se me ocurren dos contextos para «poner en contacto». Un criminal que ha sido atrapado acusa a un maldito soplón de haberse puesto en contacto con la policía. O un hombre solitario agradece a un colega que le pusiera en contacto con una amiga suya. ¿Con qué sentido estás usando esa expresión?
--No estoy seguro -dijo Usiel mientras se aclaraba la garganta-. Y ahora, ¿qué? ¿Haces que levanten iglesias en tu nombre? ¿Te sientas en un trono y haces que tus adoradores humanos te llamen Dios y que crean en ti mientras les muestras un ápice de tu gloria?
--Bueno. Supongo que acabaré haciéndolo antes o después.
Hoy, el rostro del Diablo era el de un hombre del Medio Oeste, robusto, impasible, propio de un granjero, un camionero o un trabajador de una fábrica. Al hablar de establecer una adoración blasfema, tenía la expresión de un marido o un padre que sabe que va a tener que volver a pintar el baño tarde o temprano.
--¿Cómo puedes albergar esa idea y sentirte mejor que los caídos?
--¿Cuenta tener la decencia de sentir que está mal?
--¿Y crees que eso les importa a tus víctimas? ¿O las suyas?
--Quizás no funde una Iglesia -dijo Lucifer-. De hecho, creo que, probablemente, me quede con esos «Templos de Satán» o «Iglesias de Baphomet» que hay por California. Por otro lado, he estado haciendo principalmente de Robin Hood.
--¿Es decir?
--Lo de robar a los pobres. Como tú con el viejo Vassago.
Usiel se percató de que se estaba sonrojando y de que se sentía demasiado avergonzado para cruzar la mirada con Lucifer.
--Vamos -dijo el Lucero del Alba-. No tienes porqué avergonzarte. Hiciste lo correcto con él. Robó toda esa pasta a generaciones de primos y pardillos, los mascó como chicle y luego los escupió, una vez que perdieron todo su sabor. El único uso que daba a ese poder era crear más víctimas. Por tanto, ¿qué mal hay en arrebatárselo?
--Estás tratando de tentarme.
--¡Estoy tratando de que vuelvas al campo de juego! Vamos, dime que no te gustó. Dime que no te encantó devorar esa dulce y sabrosa porción del alma de Vassago. -Usiel no quería mirarle a los ojos. Lucifer se reclinó en la silla-. No vas a negarlo porque no puedes. Fue divertido. ¡Claro que es divertido! Castigar a los malhechores es divertido. ¿Por qué crees que Dios lo hace tan a menudo? Y con tanta fiereza.
--Detecto cierta amargura.
--Mmmm. Supongo que la hay. -Los ojos de Lucifer destellearon-. ¿Quieres saber cómo recobré mi poder tan rápido? Te lo revelaré. Lo compartiré contigo.
--No, gracias.
--¿Aún recelas? Esta es la respuesta a tu pregunta, Usiel. Puedo mostrarte cuan diferente soy a ellos, cuan diferentes somos. ¡Lo voy a hacer ahora!
--No...
Pero Lucifer ya estaba revolviendo en un armario. Cogió un bote de sal y comenzó a agitarlo.
--¿Hay alguien en particular al que te gustaría ver? -preguntó, y Usiel estuvo a punto de decir Sabriel. Pero contuvo su lengua-. ¿Qué tal Durnadin? ¿Uno de los tuyos, un Halaku? Me invoca mucho, por cierto. Me cuenta cómo hace mi trabajo. -Mientras hablaba, el Adversario empujó hacia atrás la mesa y vertió un grueso anillo de sal sobre el suelo. Luego dibujó signos y figuras en él. Y si su voz parecía amarga cuando hablaba de Dios, sonaba el doble de amarga cuando hablaba de su leal servidor.
--¡Durnadin! ¡Lucifer, tu señor, te llama!
El demonio hizo una pausa y una mueca de desagrado cruzó su rostro. Entonces abrió la boca y las palabras fluyeron de ella. Era el Nombre Verdadero de Durnadin, su naturaleza real y su lugar en el universo. Pero los tonos eran discordantes, los vocablos rechinaban y chocaban entre sí.
--Tu Nombre Verdadero ha cambiado desde que nos rebelamos codo con codo -dijo Lucifer, guiñando un ojo a Usiel-. ¿Cómo es ahora?
Dirigió una elocuente mirada a Usiel y se estiró el lóbulo de la oreja para indicar al Segador que escuchara. Entonces habló de nuevo y esta vez el Nombre Verdadero sonó grave y melancólico y solo con pronunciarlo parecía absorber la luz de la habitación, espesando las sombras y helando el aire.
Lucifer siguió hablando en la Antigua Lengua; eran palabras de distancia, movimiento y cambio y, de pronto, Durnadin el Halaku estaba allí enfrente, dentro del círculo de sal.
--Así de fácil -susurró Lucifer a Usiel.
--¡Señor!
Durnadin constituía una visión lastimera. Invocado en su forma real, sus alas de cuervo, en otro tiempo brillantes y lustrosas, habían perdido todo esplendor y estaban marchitas. En lugar de dedos tenía garfios de hueso, curvados y delgados, con el extremo afilado, alineados para desgarrar la carne. Su piel era moteada, blanquecina como el moho y grisácea como un cadáver. Estaba muy delgado, famélico, con el vientre hinchado propio de los que sufren inanición, que era la única parte redonda de todo su huesudo y enjuto cuerpo. Al mirarlos, tenía la cara de un niño muerto de ocho años. Ese rostro pálido mortecino tenía una expresión de esperanza, temor y reverencia. A Usiel se le revolvió el estómago.
--¡Nunca perdí la fe! -dijo Durnadin mientras le corrían lágrimas por las mejillas-. ¡Nunca abandoné tu lucha!
--Lo sé -dijo Lucifer, con voz sedante, balsámica, cálida y llena de compasión-. He escuchado tus plegarias, aunque no respondiera. Pero dime otra vez cómo has cumplido mis designios.
--Hago sacrificios en tu nombre -dijo Durnadin con fervor-. Con tanta asiduidad como puedo; trato de hacerlo cada semana. Les digo que vas a volver, que reinarás de nuevo, les digo que tu poder es real y entonces hago que crean en ti.
--¿Cómo lo haces? -preguntó Usiel sosegadamente, pero temiendo la respuesta.
--Al principio los mataba -dijo Durnadin-. Pero era demasiado rápido. Eran demasiado frágiles, demasiado endebles. No comprendían. -Su voz adquirió un matiz quejumbroso-. Morían antes de acabar mi trabajo. ¡Pero no me rendí! Aprendí, estudié y mejoré. Ahogarlos. Esa es la clave.
--Ahogarlos.
--Sí, es mucho más lento, así que puedes prolongarlo tanto como gustes -dijo Durnadin sin que el luminoso resplandor de amor de sus ojos perdiera brillo-. Los sumerjo en el agua, los saco, los vuelvo a meter y dejo que respiren de nuevo... Tratan de luchar, pero muy pronto se agotan y tengo que sujetarlos para que cojan aliento antes de sumergirlos otra vez, mientras sienten la presión del agua en los oídos, en la cara, en los pulmones... Una y otra vez, hasta que comprenden. Con un tipo tuve que hacerlo doce veces pero al final creyó. Al final lo hizo. ¡Lo consiguió y ya solo creía en ti, señor!
--Y luego lo hiciste otra vez.
--Sí -susurró Durnadin, y su voz parecía una caricia sudorosa-. La decimotercera. Dijo tu nombre con su último hálito vital.
--Lo sentí -dijo Lucifer con voz profunda. Se giró a Usiel-. ¿Ves? Sin demonios que condujeran los servicios, el satanismo sería tan vacuo como cualquier otra religión. La gente hace lo que cree que está bien. Pero con un seguidor tan resuelto como Durnadin, los mortales pueden ser obligados a creer firmemente.
--Todo por ti, mi señor.
--Todo por mí. Y no podría rechazarlo aunque lo intentase.
De pronto, Lucifer ya no era el compasivo soberano de Durnadin. De pronto, dejó que el desprecio se reflejara en su rostro. Y, de pronto, una lanza llameante apareció en su mano.
--Tú también crees -dijo Lucifer y hundió la punta de su venablo en el pecho de Durnadin. El demonio del círculo pudo haber gritado pero no lo hizo. El desengaño que se percibía en su cara, el miserable sentimiento de traición era demasiado hondo para ser expresado.
--¡Vamos! -dijo Lucifer mirando a Usiel con los ojos iluminados-. ¡Atácale! ¡Comparte su muerte conmigo!
--Yo...
--¡Rápido! ¡Antes deque sea demasiado tarde! ¡Atácale y pronuncia su Nombre Verdadero, devora tú también una parte y conoce su verdadera esencia! Solo si examinas su pasado, su conocimiento, su propia naturaleza, podrás entender por qué no confío en Sabriel, Nazathor, Grifiel y los otros que pronuncian mi nombre en vano. ¡Invoca tu guadaña y rájalo!
Y Usiel lo hizo.
Mientras su herramienta de liberación le aparecía en la mano, se dijo que Durnadin iba a morir de todas formas y que eso era algo positivo, lo mirara como lo mirara.
Mientras la guadaña caía, la tentación de comprender a los caídos (y con ellos a sí mismo) y sobre todo la necesidad de saber si Sabriel lo había engañado imprimió más fuerza a su golpe.
Cuando la hoja cayó sobre el demonio y Usiel salmodió su Nombre Verdadero, el nombre que el diablo había desvelado gustosamente a su señor, pensó que arrebatarle su energía era una buena idea, que le ayudaría a proteger a Glenda. Tal pensamiento fue un bálsamo para él.
Pero quizás lo que más le dominaba era el impulso de sentir esa dulce oleada de poder una vez más. Consumirlo y devorarlo. Desatar y robar una energía que había existido desde el amanecer de los tiempos y hacer que esa energía formara parte de sí mismo.
Cuando absorbió una parte de Vassago, Usiel se concentró únicamente en el poder, pero esta vez, a instancias de Lucifer, también absorbió los recuerdos de Durnadin. Recordó.
Recordó el dulce alivio que supuso para los ángeles caídos descender sobre la humanidad, revelarse por fin a ella, libres, amados y reconocidos.
Recordó el miedo a la guerra, pero también el gozo del valor, el gozo de salvar a un amigo, sensaciones que Usiel también había conocido en el Ejército Celestial, nobles placeres que nunca concibió que los rebeldes pudieran experimentar.
Recordó la amargura de la derrota, la locura del Infierno y la liberadora furia de la venganza.
Usiel contempló cómo Durnadin torturaba a sus víctimas al tiempo que pensaba: Así es como debe de sentirse Dios cuando provoca cáncer en un niño. Sintió que Durnadin era libre para martirizar y aniquilar sin que nadie lo detuviera.
(Atisbo un destello de conciencia: Durnadin había respetado a una señora mayor, que se parecía mucho a la anciana de los Tanenbaum. Era la abuela del cuerpo anfitrión que ocupaba y siempre le había traído regalos en Navidad y había metido barras de caramelo en la cama mientras su nieto dormía. Durnadin había respetado su vida. Quizás lo hizo porque habría muerto demasiado pronto. Fuera como fuese, su actuación fue rica en misericordia).
Y entonces visualizó la reciente traición, cuando Lucifer alzó su lanza. En ese momento, curiosamente, Durnadin sintió más tristeza que cuando Miguel pronunció el castigo para la Casa Postrera. De alguna manera, esa traición fue la peor.
Durante un momento, el Segador y el Diablo permanecieron de pie y en silencio en la cocina de Glenda Fielding.
--¿Ves cómo son? -dijo Lucifer.
--Veo que podría haber cambiado -dijo Usiel.
--Pero no lo hizo.
--¡Pero pudo haberlo hecho!
--Pero no lo hizo -repitió Lucifer-. No lo hizo, no lo haría y ninguno de ellos lo hará. ¡Combatieron a Dios, Usiel! ¿Quién va a contenerlos ahora que los ángeles se han retirado y Dios ha ocultado su rostro?
--Podrían elegir otro camino.
--Oh, ¿estás hablando de autocontrol? No sé si te has dado cuenta, ¡pero no es una característica común entre aquellos que hicieron la guerra contra el Anciano de los Días! -Sacudió la cabeza-. No creo que les tengas miedo. No creo que seas un iluso. Durante la guerra, ansiabas abatir a cualquier demonio que se pusiera al alcance de tu guadaña. ¿Qué ha cambiado?
--Fui arrojado al Infierno por combatir sin mostrar piedad -dijo Usiel-. Quizás ahora y solo ahora, me estoy dando cuenta de ello.